Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Biodiversidad, puros planes?

El Ministerio de Ambiente y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt —que tiene como propósito principal la investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones—, con el apoyo de Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, vienen adelantando una serie de foros presenciales y virtuales para dar a conocer y revisar el Plan Nacional de Acción en Biodiversidad (PAB).

El PAB responde a la necesidad del país de cumplir con las obligaciones acordadas en el Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica. Colombia es parte de este Convenio mediante la Ley 165 de 1994 que, por increíble que parezca, fue aprobada por el Congreso de Colombia y se dice que entró en vigor para el país el 26 de febrero de 1995.

El Convenio y la Ley tienen los siguientes objetivos: 1) conservar la biodiversidad (Bd); 2) hacer uso sostenible de la Bd, y 3) generar condiciones para una participación justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de la Bd. Ésta, como muchas otras leyes y normas referidas a temas ambientales, existe, ha sido ratificada y sistemáticamente violada o sencillamente ignorada por la población colombiana y las instituciones públicas.

La existencia o la destrucción de la Bd nos afectan a todos. Nos están afectando y nos afectarán. Positivamente, si la conservamos, y negativamente si la destruimos. La importante relación entre Bd y calidad de vida es algo de lo que recientemente empezamos a hacer vaga conciencia. El cambio climático y su manifestación con climas extremos, que generan agudas y frecuentes sequías e inundaciones, son el hecho más notorio que nos obliga a reflexionar respecto de la importancia de conservar los ecosistemas naturales y la biodiversidad como reguladores hídricos. Avanzamos lentamente en este entendimiento y lo más grave es que ser conscientes no es suficiente. Estamos obligados a actuar y reversar la tendencia a destruir la Bd.

El PAB pretende mejorar la estrecha relación entre los sistemas sociales y ecológicos y propone acciones innovadoras, flexibles y creativas con activa participación del Estado, el sector productivo y la sociedad civil. Un mejor manejo de esta relación nos debe conducir a la búsqueda y establecimiento de sistemas productivos sostenibles y un mejor manejo y uso del territorio.

En 1996, Colombia formuló su primera Política Nacional de Biodiversidad, que fue complementada por la Propuesta Técnica para la Formulación de un Plan de Acción Nacional en Biodiversidad: Colombia biodiversidad Siglo XXI (1998). Estos y muchos otros documentos sólo han servido para cumplir burocráticamente con Naciones Unidas pues, en la realidad, el uso y conservación de la Bd no ha logrado insertarse adecuadamente en los planes nacionales de desarrollo.

Esperamos que el actual PAB sí trascienda y que pasemos de la preocupación por la destrucción de la Bd y los servicios ecosistémicos asociados, a la ocupación y buen manejo y conservación de la misma. Conservar la Bd es una corresponsabilidad que debemos asumir todos los colombianos. De lo contrario, todos sufriremos por el impacto económico y el deterioro en la calidad de vida, asociado a su destrucción.

 

* Miembro Consejo Nacional de Planeación. @juparus

 

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