Por: Iván Mejía Álvarez

Blatter y CR7

La Fifa está en mora de publicar una explicación coherente sobre la filosofía del Balón de Oro para el mejor jugador del año.

La ausencia de claridad en los parámetros ha llevado a esta curiosa y molesta situación de los últimos años. Es evidente que han cambiado totalmente los conceptos que tenían los originales promotores de la idea de premiar el mejor jugador de la temporada, cuando el Balón de Oro lo manejaba en forma independiente la revista France Football, a como lo lleva ahora la manipuladora rectora del fútbol mundial.

Lo primero a establecer es si se premia al mejor jugador de fútbol o se le da al futbolista que más títulos obtenga en la temporada. Lo ideal, y no siempre se consigue, es que el galardonado reúna las dos condiciones, ser un campeón absoluto del juego y tener muchos lauros encima en el año.

Por ejemplo, Cristiano Ronaldo no ha ganado nada esta temporada, en que el Real Madrid se fue en blanco. Pero, en materia de fútbol, rendimiento, calidad, importancia dentro del colectivo, cómo negarle los méritos al lusitano, convertido en una brutal bestia de aniquilar adversarios y meter goles en todas sus presentaciones.

Mientras Cristiano demuestra partido a partido que hoy por hoy, en este momento, es el mejor del mundo, la temporada se empecina en reiterar que nadie ganó tanto como el francés Franck Ribery, tricampeón con el Bayern Múnich y una auténtica pieza maestra del equipo de Heynckes que hoy detenta la condición de campeón europeo y seguramente mejor equipo del mundo. Excepto, claro está, los Robben, Kroos y demás integrantes del elenco bávaro.

Esa dicotomía, títulos vs. calidad, no ha podido explicarla la Fifa y se presta para conjeturas, polémicas, búsqueda de fantasmas y seguimiento de conspiraciones. Si las reglas de juego estuvieran claras no habría lugar a polémicas ni a visualizar “manos negras” metiendo baza en la elección del Balón de Oro.

La Fifa también alimenta las teorías conspiratorias con el erróneo proceder de reabrir una votación ya cerrada con el objeto de favorecer a Cristiano Ronaldo. Blatter, un manipulador de primera, se sintió tan culpable de su burdo proceder cuando se burló del portugués imitándolo y maltratándolo en público, que decidió “darle una mano” para que los que ya habían votado pudieran rehacer su concepto y así favorecer al portugués luego de su maravillosa actuación en la repezca frente a Suecia.

Después de todo, Stoichkov tiene razón: esto es un asco.

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