Por: Hernán Vallejo G.

Blindaje y lenguaje

EL BLINDAJE ES UN TÉRMINO DE moda un cliché, por lo menos entre los economistas colombianos. Una persona puede utilizar la palabra “blindaje” si está en el Gobierno, o si simplemente quiere destacar las fortalezas de nuestra economía en medio de la crisis económica internacional.

Si una persona está en la oposición o sencillamente quiere resaltar la vulnerabilidad de la economía colombiana en medio de esta crisis mundial, puede utilizar la palabra “blindaje” para resaltar las deficiencias analíticas o la falta de realismo de quienes hacen énfasis en las fortalezas de la economía colombiana.

En casos como éstos, consultar un diccionario puede ser de utilidad. Según la Real Academia Española (RAE), el blindaje es sinónimo de protección o de defensa. Es más, en el blindaje de los vehículos existen diferentes niveles de protección para diferentes tipos de amenazas. Dichas protecciones reducen los riesgos, pero no hacen invulnerables a las personas que se transportan en un vehículo blindado.

Según el diccionario de sinónimos y antónimos de Espasa, “invulnerabilidad” es sinónimo de palabras como “inmune”, “invencible” o “ileso”.  Es decir que “blindaje” e “invulnerabilidad” son términos claramente diferentes. Una economía blindada no es una economía invulnerable.

Una economía blindada es una economía con mecanismos de protección, pero que una economía tenga mecanismos de protección no quiere decir —por lo menos en la lengua española— que la misma sea invulnerable a una crisis económica internacional o a entrar en recesión, de la misma manera que ir en un carro blindado o utilizar un chaleco blindado no es garantía de que a una persona no la secuestren o no la maten.

¿Tiene la economía colombiana hoy en día mejores mecanismos de protección —o mejores niveles de blindaje— que los que tenía, por ejemplo, en la crisis de 1999?  Claro que los tiene. Por citar sólo algunos ejemplos, la tasa de cambio es flexible y eso nos da protección en materia de balanza de pagos, pues si las divisas escasean, el peso se devalúa, y si las divisas abundan, el peso se revalúa, amortiguando las consecuencias de estos fenómenos.

El nivel de inflación de años recientes ha sido el más bajo de las últimas décadas y eso —junto con la tasa de cambio flexible— ha facilitado la reciente reducción de las tasas de interés en esta época de crisis.

Adicionalmente, los créditos hipotecarios están atados a la inflación y ello quiere decir que su costo se incrementa de una forma más proporcional a los incrementos a los salarios, en lugar de estar atados a la tasa de interés DTF, como sucedía en 1999.

¿Lo anterior quiere decir que la economía colombiana es invulnerable?  Natural —y gramaticalmente— no. Las cifras recientes lo confirman.

Aunque no sobra reconocer que no es la primera —y probablemente no sea la última— vez que los economistas hacemos —e incluso arraigamos— el uso equivocado de una palabra, qué bueno sería que en épocas de dificultades económicas, las energías se concentraran en analizar y debatir propuestas de política, en lugar de distraer y confundir a la opinión pública —por ligereza, inercia o conveniencia— con clichés que tal vez reflejen —o no— problemas analíticos, pero que sí dejan en evidencia protuberantes problemas de lenguaje.

* Profesor Asociado, Universidad de los Andes.

 

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