Por: Esteban Carlos Mejía

¡Bobitos no!

Fernando Vallejo, tan vituperado él, dice en alguna parte: “lo único que cultiva el antioqueño en su pereza ladrona es su fama de trabajador honrado”.

¡Más brutal no se puede! ¿Acaso no es así? Nací y vivo en Medellín: por eso digo lo que digo: la ley del vivo, la ley del avivato, es la ley de Antioquia. No exagero ni generalizo: es la verdad monda y lironda.

“¡Bobito no!” les dicen las mamás a sus hijitos cuando el niño (o la niña) hace las cosas bien. ¿Respetar la fila? ¡Bobito no! ¿Pagar impuestos? ¡Bobito no! ¿No aprovecharse de los demás? ¡Bobito no! ¿No echar chuzo en los negocios? ¡Bobito no! ¿Cumplir las normas de construcción? ¡Bobito no, mijo! Con una creencia más pendeja aún: “¡Eso no pasa nada!”. Si no hacemos las columnas como deben ser, ¿se caerá el edificio? ¡Eso no pasa nada! ¿Nos demandarán? ¡Eso no pasa nada! ¿Evacuamos? ¡Eso no pasa nada! Y entonces ¡cataplum! Colapso, muertos, escombros, desgracias, lágrimas, ruinas, bancarrota. ¿Eso no pasa nada?

El estilo del vivo impera, rige y gobierna en todo el país paisa. Vivo, ¡vivísimo!, es el que tiene más. Tener. Tener más. Tener más cosas. Tatuajes. Trapos. Zapatos. Joyas. Carros. Apartamentos. Electrodomésticos. Fincas. Ganados. ¿Para qué? Para mostrar, pues. Para exhibirse ante los demás. Para creer que somos lo que no somos. Sin embargo las ilusiones estallan en mil pedazos cuando los hechos vulgares y hediondos imponen su contundencia. Y entonces nos damos cuenta de que nuestras vidas tienen de todo, menos sentido. Vidas lobotomizadas, animalizadas, inconscientes. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Sin espiritualidad, con una cultura mínima, de televisión y publicidad, una cultura de prepagos. He ahí el estándar: vivir como chicas prepago: cuidar el cuerpo, acostarse con cualquiera, cobrar, bis. ¿Somos víctimas o victimarios de nosotros mismos? Olvidamos que podemos elegir. Elegir una existencia distinta a la del entorno. Elegir una conciencia. Elegir una individualidad. Elegir una vida propia.

El Poblado, en la comuna suroriental, es el barrio de los presuntos ricos de Medellín. Urbanismo sin muchas reglas ni restricciones. Constructores desbocados. Tecnócratas indolentes. Lomas atiborradas de carros último modelo a 10 kilómetros por hora, tortugas de oropel. Hostales de media petaca, refugio de turismo sexual. Y edificios feos y caros, con una arquitectura cuadriculada, hipócrita, repetitiva: muy paisa: muy “raza antioqueña”. ¡Valiente rebaño arribista!

Lo barato sale caro: una vida vacía se vuelve boba. Toca vivir con sentido, sensiblidad e inteligencia. Pero en Antioquia no aprendemos. O no queremos aprender. ¡Bobitos no!

Rabito de paja: “Es un absurdo escandaloso llamar noble al individuo vicioso y criminal, sólo porque sea rico y descendiente de noble, o porque tenga influencia entre las gentes”. Presbítero José Pascual Afanador, licenciado en derecho y doctor en teología, 1851.

Rabillo: pregunto otra vez: ¿quiénes son los infiltrados uribistas en las Fuerzas Militares? ¿Quiénes sapean las coordenadas de las operaciones secretas? ¿Quiénes son los traidores?

Rabico: ¡tarde o temprano, Uribe será el villano!

 

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