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Bogotá despierta

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Son varios los intentos que ha habido por instaurar una ciudad con actividad las 24 horas del día, en la que comercios, bares, restaurantes, teatros y los locales de la banca permanezcan abiertos toda la jornada.

Dadas las dimensiones de la ciudad y sus peculiaridades, un plan piloto de Bogotá despierta se ha propuesto, en un primer momento, para ciertas manzanas de la localidad de Chapinero. Para este diciembre, sin embargo, distintos comercios de varios puntos de la ciudad se han sumado a la iniciativa que se estará desarrollando entre el 16 y el 23 de diciembre.

Este programa de la Alcaldía Mayor de Bogotá –que de realizarse más allá de la coyuntura de diciembre– beneficiaría en primer lugar a los habitantes del sector, por supuesto, y ayudaría también a reactivar algunos de los comercios más golpeados de la zona por causa de la cuarentena prolongada a la que nos sometió la pandemia, en especial a los restaurantes y a los bares.

El programa propuesto por la Alcaldía, y que ha encontrado resonancia favorable en Fenalco, tiene dos grandes escollos, según dicen los sondeos y según dicta la realidad de la ciudad que no puede desconocerse: el transporte, por las largas distancias que en promedio deben recorrerse en Bogotá y por la dificultad para encontrar transporte a ciertas horas del día (y de la noche) o los precios altos que supondría recorrer tales distancias y, en segundo lugar, la seguridad.

Quizás esta es la cuestión más delicada. La semana pasada, para no ir muy lejos, cuando salía de mi casa –dentro de ese perímetro que propuso la Alcaldía para comenzar a instaurar el programa de Bogotá despierta– a eso de las siete de la noche alcancé a oír el rumor de una motocicleta en la cuadra vecina y las imprecaciones de una señora a quien manejaba la moto: le habían robado sus pertenencias.

A unas cuadras, no muy lejos del perímetro establecido por la Alcaldía Mayor para su plan piloto de Bogotá despierta, me robaron hace unos cuantos meses, a plena luz del día, mediando la tarde, mi teléfono celular. Me lo raponeó un tipo en una motocicleta mientras yo hablaba por el celular.

Dos o tres días después de poner la denuncia a la Policía Nacional, es decir, dos o tres días después de lograr que las autoridades recibieran la denuncia, porque nadie quiere hacerse cargo (mandan a la víctima de una dependencia a otra y de una estación de policía a la siguiente), recibí un mensaje de la fiscalía en el que se me notificaba que “la Fiscal [sic] 206 Local [sic] de la Unidad de Gestión de Alertas y Clasificación Temprana de Denuncias, ordeno [sic] el ARCHIVO PROVISIONAL de se denuncia” etcétera.

Sabemos que, en Colombia, que le raponeen a uno el teléfono celular o las pertenencias personales es lo menos grave que le puede pasar a un ciudadano de bien. Nos da hasta pudor describir lo que podría pasarle a un vecino que va solo, borracho, a altas horas de la noche, camino a su casa, pongamos por caso...

Claro que es deseable vivir la ciudad las 24 horas, y es la manera para que Bogotá comience a parecer un gran metrópoli a la altura de las más sofisticadas del mundo, pero para lograrlo se precisan más que buenas iniciativas como la que propone la Alcaldía Mayor, mejores planes de acción para combatir la delincuencia que los que ha mostrado hasta la fecha la Policía Nacional y, claro, mejores disculpas que la que, cada tercer día, sabe esgrimir la Fiscalía Local y la Fiscalía General de la Nación para excusar su culpable incapacidad.

atalaya.espectador@gmail.com, @Los_atalayas

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