Por: Óscar Sevillano

Bogotá en manos de la justicia

La misma eficiencia que ha mostrado la justicia para frenar las obras de infraestructura en Bogotá, especialmente las que buscan una mejor movilidad de los ciudadanos, debería mostrarla también para condenar a quienes delinquen en la capital y han convertido las calles y avenidas en escenarios de miedo.

Al parecer la justicia quiere lavarse las manos con Bogotá y demostrar capacidad de trabajo, no abriendo expedientes, investigando y condenando a cuanto criminal hace de las suyas, sino frenando la construcción de las obras que se han proyectado con la idea de mejorar los desplazamientos de los ciudadanos que utilizan el transporte público, y así tapar las embarradas que cometen los jueces al dejar en libertad a cuanto delincuente capturan en flagrancia los policías.

De seguir así, sería bueno que se cambiara el orden de las cosas en la capital para que sean los bogotanos quienes elijamos a los presidentes de las altas cortes y al procurador. Así tendríamos claro quiénes son las personas que nos van a gobernar y la justicia dejaría de hacerle el juego al oportunismo de los políticos de izquierda, que justo en época electoral instauran cuanta demanda se les ocurre, no con el ánimo de buscar perfección en las obras de construcción y su respectiva seguridad jurídica, sino para ganar pantalla y micrófonos y de esta manera sumar votos.

Por supuesto, lo que se hace en favor del ciudadano es un tema que les importa cinco a quienes desde la izquierda utilizan a la justicia como el medio más eficaz para sumar adeptos.

No contentos con querer detener la construcción de Transmilenio por la carrera séptima, diseñado y pensado en la administración de Luis Eduardo Garzón, pretenden también frenar la concreción de la adjudicación de la primera línea del metro, con el único fin de llevarse el pergamino, en el caso de que logren ganar la Alcaldía de Bogotá, de ser ellos quienes inicien la obra.

No es posible que se pueda ser tan mezquino con Bogotá como para pretender frenar una obra por cálculo político, sin importarles lo que deben padecer los ciudadanos para llegar todos los días a sus sitios de trabajo y a sus quehaceres diarios. Resulta entonces que cuando la izquierda fue gobierno en Bogotá con Luis Eduardo Garzón en la Alcaldía, Transmilenio por la séptima les parecía bueno; y ahora que no son gobierno pero buscan volver a serlo, valiéndose de los problemas que tiene el sistema articulado, problemas que la misma izquierda provocó cuando lo abandonó a su suerte, entonces Transmilenio por la séptima les parece malo.

Para colmo, ante la incapacidad de ponerse de acuerdo para llegar con una propuesta única en lo que tiene que ver con el metro de Bogotá, olímpicamente el Polo Democrático, el petrismo y la Alianza Verde dejan esa decisión en el Consejo de Estado con una nueva demanda, poniéndolo en el papel de idiota útil pues, si llega a fallar en favor de esta, terminará facilitando la llegada de Gustavo Petro a la campaña de Claudia López, candidata de la izquierda que, curiosamente, no es precisamente de izquierda.

Lo anterior, porque la única condición que pone el senador de la Colombia Humana para acompañar a la aspirante es que reverse el metro elevado y lo ejecute con el modelo subterráneo, lo que quiere decir que será la justicia la que terminará decidiendo el apoyo de Petro a la excongresista. ¡Qué tal esto!

Bogotá requiere la concreción de obras de infraestructura vial como Transmilenio por la carrera séptima y la adjudicación de la primera línea del metro, porque estos dos temas son de gran importancia para el ciudadano, cosa que a la izquierda le importa cinco. A ellos solo les importa ganar pantalla y así conseguir votos y volver a la Alcaldía para, una vez más, ejecutar las paquidérmicas administraciones que solo ellos saben llevar a cabo. Para esto han puesto a la capital del país en manos de la justicia, que parece hacerles el juego y está dispuesta no solo a capturarla, sino además a condenarla, sabe Dios si con una pena de cuatro años o más, donde el carcelero o director de la prisión será un alcalde de izquierda o una alcaldesa con disfraz de política de izquierda.

A propósito de Bogotá, hace unos meses el reclamo de los bogotanos era por la presencia de basura en las calles. Hoy el reclamo es porque se instalaron 80.736 cestas distribuidas en 40.360 puntos, para que los ciudadanos aprendan a dejar la basura en el lugar que corresponde. Como dice el viejo y conocido refrán: “Palo porque boga y palo porque no boga”.

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