Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Bogotá envejece, frenemos su crecimiento

Bogotá es una ciudad caótica que envejece. Paradójicamente, mientras envejece en términos de la pirámide poblacional sigue creciendo en número de habitantes.

La semana pasada, durante la presentación del Plan Nacional de Desarrollo, que Simón Gaviria hizo como director del DNP y comentó Gustavo Petro, hubo muchas coincidencias respecto a Bogotá. Según los dos funcionarios, la capital presenta en casi todos los temas los mejores indicadores del país. Por ejemplo: ha disminuido la pobreza extrema, mejorado su competitividad y su desempeño fiscal, tiene un nivel de educación muy superior al promedio nacional, ha incrementado la tasa de inversión y mejorado los niveles de seguridad.

Un aspecto negativo es el incremento en el consumo de drogas, especialmente de bazuco, entre los jóvenes, que no disponen de lugares para un sano esparcimiento por falta de espacios verdes —la apropiación social de los cerros como alternativa de recreación no fue mencionada—. Otro aspecto negativo, que todos padecemos, es la movilidad, cada día peor. Para superar el caos se propone la primera línea del metro, la recuperación del tranvía por las vías férreas y el tren de cercanías. A mi entender, si Bogotá no detiene su crecimiento poblacional, no habrá solución.

La calidad de vida en las grandes ciudades en crecimiento no es buena, y un ejemplo que nos ayuda a reflexionar es Seúl, una ciudad moderna donde funcionarios de un metro eficiente empujan a la gente para llenar a presión sus vagones. De lo contrario, no se podría movilizar tanta gente en la hora pico.

Se requiere planeación para que Bogotá no siga creciendo, y esto no fue mencionado. Los planificadores y gobernantes se focalizaron en cómo hacer una Bogotá más competitiva frente a otras capitales de América Latina. Deberíamos focalizarnos en cómo hacer al resto del país más competitivo frente a Bogotá, lo cual ayudaría a cerrar brechas y descentralizar la producción, el consumo y la población que hoy están concentrándose en Bogotá y su área metropolitana.

Apoyemos la competitividad de Barranquilla para exportar por el Atlántico, de Cali para hacerlo por el Pacífico, y de ciudades intermedias y nuevas ciudades para equilibrar la ocupación del territorio nacional. El mejor alcalde es uno que sea capaz de pensar Bogotá en el contexto nacional y no quien la piense como una metrópoli que debe seguir creciendo.

Los gobiernos de Colombia y Bogotá deben concertar una política nacional de población que incluya aspectos de asentamientos humanos y expansión urbana cuya meta sea disminuir las ventajas comparativas de Bogotá y su área metropolitana frente a las demás ciudades del país. Entre muchas medidas, se debe definir un régimen tributario diferenciado para evitar que la producción por economías de escala y cercanía al consumidor se siga concentrando en la metrópoli, así como acordar incentivos para evitar que las buenas universidades se sigan concentrando en Bogotá y llevarlas a espacios rurales y ciudades pequeñas.

Ahora que los recursos públicos están tan escasos, prioricemos al resto del país y no a Bogotá. El desequilibrio no debe seguir creciendo.

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