Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Bogotá, gigantismo insostenible

Parece como si los candidatos para alcalde de Bogotá no estuviesen conectados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que se debaten y construyen en el seno de Naciones Unidas.

Allí se habla de ciudades sostenibles y es claro que las macrociudades que concentran de manera creciente población, producción y consumo, en países cada día más centralizados, no son el modelo a seguir.

São Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires, Lima y Bogotá, entre otras megaciudades, son expresión de la falta de planeación para un mejor y más equilibrado crecimiento en nuestros países. Ninguna capital en Europa o Estados Unidos concentra porcentualmente una cuarta parte de la población, la producción y el consumo del país. Esto sucede en Latinoamérica, donde la falta de planeación ha permitido que las economías de escala definan el proceso de ocupación del territorio en detrimento de la calidad de vida y la sostenibilidad.

Ninguno de los candidatos plantea que el mejor futuro para Bogotá es frenar su crecimiento poblacional, provocado por las ventajas comparativas de la ciudad frente al resto del país. El reto es cómo mejorar las condiciones de vida en la ciudad y simultáneamente disminuir la migración a Bogotá, que, como polo de desarrollo, atrae a empresarios, estudiantes, desempleados, desplazados y fuerza laboral calificada. El crecimiento no controlado concentra cada día más producción, población y consumo, generando efectos negativos que amenazan la sostenibilidad de la ciudad, pues hay mayor congestión, incremento en los tiempos de transporte, deterioro en la calidad del aire, dificultades en el manejo de basuras y dificultades en el abastecimiento de agua.

Un alcalde que, como ciudadano, piense en la sostenibilidad urbana más allá de su período de gobierno debería plantear una alianza con el Gobierno Nacional para equilibrar el proceso de ocupación del espacio y buscar una mejor distribución de la producción y el consumo en el territorio nacional. Para ello es necesario mejorar la competitividad de otras regiones e intervenir y frenar la dinámica que refuerza la concentración y genera macrociudades que crecen guiadas por la acumulación de capital, con notorio detrimento de la calidad de vida de sus habitantes.

Para que Bogotá sea una ciudad inclusiva, segura, resiliente y sostenible, que es lo que proponen las ODS, debemos dar la bienvenida a quienes se desplazan a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades y posibilidades de trabajo, pero también debemos frenar la migración de empresarios y la concentración de los centros de formación de capital humano, mediante incentivos económicos para que las nuevas oportunidades se generen en territorios que no sean Bogotá ni su área metropolitana. Sólo así se redireccionará el proceso de centralización que vive el país y que en Bogotá tiene un límite adicional por la disponibilidad de agua.

Con el cambio climático, grandes ciudades como São Paulo, en Brasil, ya estuvieron cerca de colapsar por falta de agua, lo que habría generado millones de desplazados ambientales y grandes pérdidas en la finca raíz. Evitemos que eso suceda en Bogotá y sus alrededores, donde los 2.600 metros de altura limitan la disponibilidad de agua necesaria para la población de toda la sabana de Bogotá.

@Juparus

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