Por: Luis Carvajal Basto

Bogotá: la historia que se repite

Mientras los políticos se rompen la cabeza tratando de inventar fórmulas y alianzas increíbles, por cuenta del sistema de elección una minoría ganaría nuevamente la alcaldía.

¿Programas? ¿Propuestas? ¿Necesidades? ¿Gestión? ¿Planeación? Por estos días la política en Bogotá poco se ocupa de banalidades como esas. El tiempo de la mayoría de líderes y candidatos se invierte en encontrar la fórmula que permita unir a las fracciones de partidos y movimientos, con el argumento de no repetir la historia de Petro, quien además de su pobre gestión ganó con apenas el 32% (un 15% de los votos posibles) lo que afectó, también, sus niveles de gobernabilidad.

El fraccionamiento característico de la política colombiana se siente más en Bogotá, una ciudad en que el voto de opinión es determinante y la influencia de las maquinarias políticas elige todavía concejales, cada uno con su propia micro organización, pero no alcalde. Ese voto de opinión tampoco es endosable: como ejemplo, Álvaro Uribe ganó dos veces las elecciones en la ciudad pero en su mejor momento de popularidad su candidato para alcalde, Enrique Peñalosa a quien incluso le cargó el megáfono, no pudo hacerlo.

El pulso por el poder entre los diferentes sectores políticos asume las elecciones en la capital como lo que efectivamente son: el segundo cargo en importancia del país; un presupuesto billonario y, con las demás elecciones regionales, el punto de partida para las presidenciales de 2018.Se comienzan a ver, en esta carrera, los estrujones propios de la política, a escuchar propuestas sensatas y otras que no lo son tanto.

En ese ambiente el “sinceramiento” o ingenuidad ha llegado a niveles como los mostrados por un senador al afirmar que si los candidatos triunfantes en las elecciones de octubre no coinciden con la coalición de gobierno nacional se alterarían las relaciones Nación- Departamentos y Municipios. Siendo Bogotá tan importante, siguiendo su hilo, podría armarse una pelotera con el gobierno Nacional con efectos en trámites de partidas presupuestales etc. Al despistado senador se le puede preguntar, por ejemplo, a cual parte de la coalición nacional se refiere, luego de escuchar al vicepresidente – candidato Vargas Lleras decir que el ministerio de Hacienda no funciona adecuadamente o a Horacio Serpa afirmar que la coalición va solo hasta 2018, lo que se entendió como una respuesta a la intención del director de Cambio Radical sobre una consulta entre E. Peñalosa y R. Pardo para escoger candidato.

El desconcierto en la dirigencia se ha observado, también, en propuestas distantes de la realidad política como la que pretendía una coalición integrando la de gobierno y el Centro Democrático para “atajar” a Clara López, olvidando que ella respaldó al presidente Santos en la segunda vuelta presidencial y que, hoy por hoy, a Santos le “iría” mejor con ella que con su primo Pacho.

Fraccionamiento y desconcierto se observan igualmente hacia la izquierda: desde una nota en El Espectador del ex candidato Suarez se trató de “prevenir” a la misma Clara López, contra (¿)el apoyo de un sector del Liberalismo. También fracciones conservadoras, que hacen parte de la coalición, intentan promover la candidatura de Martha Lucia Ramírez.

Después de ver este panorama no es difícil concluir que todo está servido para que se repita la historia de 2011, entre otras cosas porque no es solamente con el cliché de movimientos y partidos que se pueden conseguir mayorías en una ciudad con dos grandes corrientes de opinión, una de las cuales, hasta ahora, tiene un solo candidato de peso. Y no tendremos doble vuelta…

@herejesyluis

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carvajal Basto

Duque: viaje de 100 días hacia el centro

La corrupción, sin IVA

¿Por qué ganó Bolsonaro?

Los Increíbles