Santiago Bernal: cantante bogotano que fusiona diferentes géneros musicales con aires flamencos

hace 1 hora
Por: Piedad Bonnett

Bogotá, mujeres y violencia

Creo que no hay nada más estresante que vivir en una ciudad donde no se pueda andar tranquilo porque la inseguridad acecha. Y esa es Bogotá. Tan es así, que un periodista, asesorado por la Policía, escribió hace algunos meses un artículo que en muchas partes del mundo parecería un absurdo imposible de creer. Se trata de “12 claves para tener en cuenta en el diario vivir”. Transcribo algunas: “No deje ver qué tipo de celular, reloj o dinero carga encima”, “no compre nada en las esquinas de los semáforos ni baje el vidrio”, “no transite por zonas mal iluminadas y desoladas”, “use taxi legal por aplicaciones o solicítelo por teléfono”, “no cargue su morral atrás”. Parecería un manual para paranoicos. En otro artículo del mismo diario el redactor alecciona sobre cómo defenderse de los “rompevidrios”: aconseja vidrios blindados, llevar la cartera o el maletín en el baúl y no hablar por celular. Y, oigan bien, escribe que como las armas no letales no están prohibidas sino en lugares públicos, “los aerosoles, gas pimienta o pistolas neumáticas o de descarga eléctrica son hoy una alternativa que mucha gente está considerando”. Horror. Claro que el periodista alerta sobre cómo el remedio puede resultar peor que la enfermedad, porque probar que se hizo daño en defensa propia no es sencillo.

Hasta este punto hemos aceptado, sin mayores protestas, la convivencia con la violencia cotidiana, y de paso, que, ante la incapacidad de las autoridades, somos los ciudadanos los que debemos usar estrategias de supervivencia. Mientras en algunas partes del mundo uno puede caminar por una calle oscura a medianoche sin ningún peligro, un bogotano tiene miedo de andar por ciertos lugares a cualquier hora del día. El delito afecta especialmente a las mujeres, sobre todo en horas de la noche, como fue revelado en diciembre por un estudio de la Secretaría de la Mujer en cooperación con varias organizaciones internacionales. Las estadísticas de dicho estudio son muy dicientes. Tres de cada cuatro mujeres bogotanas consideran que la noche es peligrosa. Pensemos en que una mujer puede temer, como en el manual para paranoicos, atravesar un parque solitario, tomar un taxi en la calle, sacar su celular en público, cargar su portátil, ir por lugares no concurridos en su bicicleta, entrar sola a un bar, sufrir acoso en Transmilenio, que la roben o la violen al salir de un turno en la fábrica o el restaurante. Y hasta se teme a la misma Policía. De hecho, el 25 % de las encuestadas respondió que había sido víctima de un delito en el último año, y casi un 30 % de los delitos sexuales “tuvieron su origen en espacios públicos”. “Esto quiere decir que las mujeres se cohíben del goce y el disfrute del espacio público nocturno de la ciudad”, es una de las conclusiones del estudio. Como si esto fuera poco, y a riesgo de parecer apocalíptica, hay que decir que muchas mujeres soportan, además, violencia intrafamiliar o presiones económicas como madres cabeza de familia.

Ahora que el suicidio de las bogotanas ha aumentado en un 22 %, tal vez sea hora de preguntarnos si no será que el ambiente de violencia está afectando nuestra salud mental. A ver si Claudia López, como mujer encargada de la ciudad, cumple con su promesa de permitirnos vivir sin miedo.

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2020-01-24T20:54:53-05:00

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2020-01-25T12:21:10-05:00

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