Por: Luis I. Sandoval M.

Bogotá: opciones finales

A menos de un mes de las elecciones todo indica que los finalistas de esta dispersa contienda por la Alcaldía Mayor de Bogotá muy seguramente serán Gustavo Petro, Gina Parody y Enrique Peñalosa (o Carlos Fernando Galán), con posturas respectivamente de centro izquierda, centro derecha independiente y liberal gobiernista.

De once candidaturas surgidas en seis meses, hubieran podido ser más, la ciudadanía está ante tres opciones predominantes que, según las encuestas, tendrían una favorabilidad bastante próxima, entre el 20 y el 25 %. Nadie ganará haciendo mayoría, la minoría triunfadora tendrá dificultades de legitimidad y gobernabilidad.       

La extrema multiplicidad de opciones y la muy limitada fuerza de las tres predominantes tienen origen en el desconcierto y fatiga de la ciudad ante la herencia agridulce sobre todo de los últimos cuatro años de gobierno y en la incapacidad de los partidos políticos, todos, para ofrecer alternativas consistentes a un electorado exigente donde la franja que decide es mucho más grande que en cualquier otra región. Bogotá es donde menos se amarra o se compra el voto.

En el legado del Polo se mezclan aspectos positivos: altísimo nivel de inversión social (educación, salud, alimentación), menor índice de desempleo del país, atención de calidad a víctimas del conflicto y desplazados, políticas efectivas para la diversidad, significativa elevación del promedio de vida, finanzas sanas, ingresos crecientes, mejor calificación de riesgo que la nación, propiedad pública de la ETB, metro asegurado, con aspectos negativos: atrasos en vivienda, ambiente, movilidad y seguridad, desorden en egresos, nóminas paralelas y, lo más grave, irregularidades en la contratación de grandes obras que dejan al Alcalde Samuel Moreno sub judice preventivamente privado de la libertad.

Cierto es que el nudo de la política y la administración bogotanas está hoy entre ética y economía, pero no solo en el sentido de los medios (todo vale), sino ante todo de los fines (los derechos y la equidad social). La ética pública no puede pensarse y reclamarse solo procedimental porque por esa vía podríamos llegar a la paradoja de administrar limpiamente un sistema iniquo. Es preciso concebirla, exigirla y practicarla como ética sustantiva que asegura la consecución de los declarados fines sociales del Estado por medios congruentes, esto es, transparencia, eficiencia y participación real.

La ética del capital tiende a ser simplemente procedimental: se reduce a mínimos formales que no cambian realidades inaceptables. La ética pública debe ser sustantiva: respetar reglas y normas buenas hasta asegurar la obtención de fines buenos que son los derechos y condiciones de vida digna de ciudadanos y ciudadanas.

El programa de Peñalosa (o Galán) para la ciudad es el de la Unidad Nacional o sea las locomotoras que aunque anuncien ética no avanzan en el sentido de asegurar los fines sociales del Estado ni el interés nacional. Tampoco se asegura esta perspectiva con la opción Parody-Mockus porque, aunque ella y él anuncian combatir el todo vale, importante, los percibo adscritos al proyecto de ciudad competitiva neoliberal que no es socialmente incluyente. Petro tiene más clara la perspectiva de combatir mafias de violentos y corruptos y al tiempo elevar la productividad de la ciudad-región sin perder el norte de la inclusión, el territorio y los derechos de la gente. Pretende hacerlo sin partido y sin experiencia.

A pesar de que la Alcaldesa delegada acierta en su gestión, el electorado se apresta a castigar al Polo por lo ocurrido, pero también a preservar la herencia social y a premiar a quien denunció sin vacilación la corrupción. Empero mi voto será por Aurelio Suárez, incansable y brillante, el país necesita un Polo renovado.

 

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