Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Bogotá, río desnudo

En reacción a mi columna del pasado 26 de julio, titulada "La gestión del río Bogotá", recibí invitación del director de la CAR Cundinamarca, para presentar la estructura y los avances en la ejecución del proyecto "Plan de adecuación hidráulica y recuperación ambiental del río Bogotá".

En la columna escribí que este proyecto era un ejemplo de la inadecuada visión ambiental de la CAR  y que el proyecto carece de una propuesta de manejo desde una perspectiva de cuenca. Éste, centra sus acciones en la parte media de la cuenca y propone sacar los sedimentos en el sector entre Cota y Soacha, herramienta válida a corto plazo, que trata al río como un tubo de desagüe. Señalé la necesidad de atender integralmente la cuenca, iniciando desde su parte alta y recuperar los reguladores naturales.

A mis afirmaciones el director y su equipo reaccionaron mostrando detalladamente los aspectos hidráulicos del proyecto, los cuales absorben la mayor parte del presupuesto. Luego, presentaron aspectos complementarios, que incluyen la recuperación de algunos humedales. Un hecho que no mencioné en la columna y que el director con razón reivindicó, es la recuperación de algunos meandros o curvas del río en la parte media, para volver el río a su curso natural, y la protección de los meandros con la siembra de especies nativas, siguiendo principios del Acuerdo N° 17 de la CAR de julio de 2009, que define la ronda de protección del río. Reconozco y valoro la importancia de estas medidas.

Luego pasamos a conversar sobre la situación actual del río. Partí comentando la clásica foto panorámica que todos conocemos del río Bogotá, con jarillones a sus lados y riberas sin ninguna vegetación nativa de protección, en medio de un paisaje de ganadería y flores con algunos sauces y eucaliptos dispersos en medio del pasto kikuyo. Imagen que cualquier pintor naturalista utilizaría para recrear este desnudo, el desnudo río Bogotá.

El equipo mostró la propuesta de recuperación de la ronda en la parte media de la cuenca, con especies nativas, el manejo de los jarillones y el impulso a las ciclovías que en algunos tramos no pueden hacerse en pavimento,  pues la ronda no resiste estructuras rígidas. Aclamé la iniciativa y propuse que la ciclovía fuese continua y en recebo, como en muchas otras partes del mundo en situaciones similares. Luego manifesté que lo más efectivo y eficiente es iniciar estos trabajos en la parte alta de la cuenca y no en la zona media. La discusión quedó planteada, pues el director dijo que por razones del origen de los recursos financieros, su asignación debía concentrarse en la parte media. Sin embargo, como la señala el Acuerdo 17, cualquier intervención en una parte tiene consecuencias en otra. Allí están los argumentos para incrementar la inversión en la parte alta de la cuenca y recuperar con vegetación nativa la ronda 30 metros a lado y lado del río.

Si queremos vestir al desnudo río Bogotá, a diferencia de un desnudo humano, donde resulta pertinente iniciar por la parte media, en el caso de la cuenca hay que empezar por la cabecera, donde es más efectivo y eficiente usar los recursos disponibles. Iniciemos cuanto antes con la recuperación de los páramos y la ronda en la parte alta, y con la construcción del sendero y la ciclovía para impulsar la apropiación social del río. Invito a la ciudadanía a conocer el Acuerdo 17, disponible en la página web de la CAR, una herramienta de gestión que debemos poner en práctica con participación pública y privada.

 

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