Por: Luis Carlos Vélez

Bogotá se volvió Venezuela

Bogotá es un verdadero desastre. Sus calles con huecos, la sensación de inseguridad en la que se vive, los grafitis en las calles y los trancones la hacen un lugar muy difícil para vivir.

El problema es que criticarla se ha convertido en un pecado y por lo tanto el debate para encontrar soluciones está sepultado.

Su actual alcalde, Gustavo Petro, ha logrado dividir el discurso de tal manera que aquel que se atreve a hacer una observación sobre la capital se convierte en enemigo automático de su ideología y por lo tanto blanco de ataques de aquellos que se sienten protegidos y beneficiados por una Bogotá Humana insostenible e ineficiente.

Bogotá es una realidad y merece gerentes, no ideólogos. Las ideologías y teorías son perfectas para la academia y la plaza pública, pero enemigas de la gerencia, el liderazgo y la ejecución.

Hablar de este modelo de gobierno inevitablemente nos lleva a Venezuela, donde los discursos populistas y la ejecución de planes para atraer votos de las masas abundan y perpetúan la ineficiencia del siglo XXI en el poder. Hugo Chávez y sus seguidores institucionalizaron iniciativas que solucionaron problemas de corto plazo pero que en el mediano carecen de sostenibilidad financiera.

Como en Venezuela, en Bogotá los problemas son engendrados por la oposición, los medios corruptos o la oligarquía. No hay evaluación interior sobre la falta de ejecución, promesas incumplidas y malas prácticas.

Según esta administración, en la capital no hay metro no por que se haya incumplido la principal promesa electoral, si no por que el Estado no dio la plata para construirlo. En este mundo bogotano no hay inseguridad sino una percepción negativa infundada por los medios y los enemigos del alcalde. En la ciudad hay huecos y basura porque el modelo empresarial es equivocado y no porque no se carezca de una buena ejecución y planeación de mantenimiento de la malla vial. En este universo, los problemas no son de la Alcaldía sino de sus enemigos, tal y como en Venezuela no hay escasez sino una guerra económica de la oligarquía y los gringos.

Las elecciones para un nuevo alcalde de Bogotá ya vienen. Los bogotanos tenemos que ponernos las pilas para hacer una nueva elección y salir de esta espiral de destrucción que nos ha venido acompañando desde hace ya tres administraciones. La capital debe mirarse en el espejo de Venezuela y darse cuenta de que hemos caído en un escenario similar en donde se ha creado una guerra de clases para esconder una verdadera ausencia administrativa y gerencial. El doctor Petro se montó en la Alcaldía para hacer trampolín presidencial anteponiendo sus objetivos personales a los de todos los bogotanos y por eso su nombre se sumó a los de los últimos dos burgomaestres que destruyeron la capital.

Nuevamente llegó el momento para elegir el nuevo rumbo de la ciudad, una que ya no tiene muchas más oportunidades para evitar caer en este cada vez más certero camino hacia la venezolanización del país, que ya comenzó por Bogotá.

 

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