Notas de buhardilla

Bola de nieve

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Ni aun teniendo de su lado al fiscal “goterero” —atenido, diría Marta Lucía Ramírez—, el Gobierno y el Centro Democrático han podido evitar que de una semana a otra aparezcan nuevas evidencias de que la campaña que convirtió en subpresidente a Duque fue una de Cueva de Rolando.

Ya no se podrá tapar el sol con las manos y ni haciéndose el de la vista gorda es posible doblar la página de lo que representaron para Duque y su entorno el oscuro ganadero Ñeñe Hernández y Caya Daza, para solo mencionar a dos de los soportes de esa aventura electoral en la que pasó de todo.

De carambola las autoridades interceptaron numerosas conversaciones de Ñeñe Hernández, de las que quedó claro que no era uno de los tantos lagartos que terminan merodeando en los directorios políticos, sino alguien apreciado por las fuerzas uribistas, no propiamente porque fuese un intelectual, sino por su poder económico, que deslumbró a la plana mayor del Centro Democrático, incluido el mismo Duque. Ñeñe Hernández no era un personajito menor al acecho para tomarse fotografías con la cúpula del que hoy es partido de gobierno, sino el “bacán” con el que los uribistas se sentían cómodos abrazándose en franca camaradería y complicidad. Si Hernández no hubiese sido asesinado en el Brasil en extrañas circunstancias, muy seguramente estaría preso, pero amenazando con revelar lo que sabía. Paradójicamente, a Ñeñe lo asesinaron en el momento en el que las estrellas estaban alineándose en su favor.

Y de la Caya Daza ni se diga. No se trata de una monjita de la caridad, sino de una persona con una agenda indescifrable que dejó huella en el Congreso y especialmente en los corazones de otros grandes del uribismo, empezando por su presidente eterno. En el ambiente del capitolio, Daza era la dueña del senador y seguramente era apreciada por Duque, Alicia Arango, María del Rosario Guerra, Ernesto Macías y todos esos improvisados generales de tres soles que hoy sacan pecho desde las escalinatas de la Casa de Nari. Por eso, luego de divulgados los audios de las embarazosas conversaciones que reproducen sus andanzas peligrosas como agente oficiosa de la campaña presidencial de Duque, es injustificado que la Fiscalía le hubiera permitido abandonar el país cuando ya sabía que tenía que dar explicaciones. El balance no puede ser más gris: la señora sí compareció virtualmente a la Fiscalía, pero desde su cómodo exilio en el exterior ejerció su derecho a no abrir la boca que antes no cerró nunca en los días de esplendor como asistente de Uribe en el Congreso y autorizada promotora de la sucia campaña de Duque.

El último episodio al que hemos asistido a partir de otro audio de una conversación entre la Caya Daza y Nubia Stella Martínez, presidenta del Centro Democrático, es alucinante. En efecto, las dos mujeres conversaban sobre el aporte de un venezolano a las arcas de la campaña de Duque, y a la pregunta de Caya Daza sobre con cuánto había contribuido el extranjero, la pintoresca presidenta del poderoso partido respondió que había entregado US$300.000. Ninguna de las dos sabía que los extranjeros no pueden contribuir a campañas electorales, o lo sabían pero tampoco les importó porque la suma no era propiamente una limosnita. Y al ser descubiertas, Martínez pretende que el país sea tan idiota de creerle el cuentazo de que se equivocó de verbo y que lo que había querido decir cuando le contaba en la intimidad a Caya Daza que el venezolano les había dado US$300.000 fue que apenas se los había ofrecido. Hágame el favor la coartada.

Este alud de evidencias, justo cuando se conocen los dramáticos resultados de Gallup que dan cuenta de que ni aun con una hora diaria de televisión, como Maduro o Chávez, Duque ha conseguido subir en las encuestas, amenaza con sepultar al Gobierno y a su partido. Es la hora de las unidades investigativas de los medios, porque si nos atenemos a las investigaciones que se adelantan en la Comisión de Acusaciones, repleta de uribistas, o a las inspecciones del CTI a la sede del Centro Democrático anunciadas con prudente antelación, es posible que frente a algo tan grave no pase nada. Como siempre.

Adenda. Óscar Ambuila, el cuestionado exfuncionario de la DIAN de Buenaventura, seguirá en libertad mientras lo juzgan por enriquecimiento ilícito, pero el gobernador Aníbal Gaviria sigue preso.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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