Por: José Roberto Acosta

Bolsa marchista

Invertir en acciones no ha sido negocio en los últimos seis años, ni en Colombia ni afuera, e invertir en renta fija se está volviendo poco atractivo, pues los intereses no superan el 7% anual en pesos y en el exterior la deuda bien calificada no supera el 4% en dólares anual. En cuanto a finca raíz, me parece cara, y hacer empresa está muy riesgoso.

En efecto, desde máximos cercanos a los 15.000 puntos en enero de 2006 hasta los 13.600 puntos de esta semana, el índice general de la Bolsa de Colombia evidencia un gran retroceso, sólo compensado por acciones como Ecopetrol, que en ese mismo período cuadruplicó su precio. Además se observa una merma sustancial en el volumen de negociación que evidencia fatiga de toda clase de inversionistas. Lo peor es que en el corto plazo se vislumbran factores negativos, como la revaluación, la saturación del crédito financiero de consumo y la debilidad estructural de la economía internacional, por no detallar las frustrantes emisiones primarias de acciones.

Mientras tanto la renta fija colombiana se enarbola como único refugio para el ahorro, ante la debilidad del dólar y el euro, y es así como la tasa de interés anual de los TES de deuda pública con vencimiento al año 2024, que son los más negociados en nuestro mercado, ya ofrecen rentabilidad por debajo del 7% anual, ante la expectativa de que la inflación se ubique a largo plazo en el 3% anual, mientras se espera que nuestro Banco de la República empiece a relajar su política monetaria ante el inevitable enfriamiento de nuestra economía. No sería de extrañar que antes del cierre de año veamos que estos TES se puedan estar negociando a niveles de apenas el 6%, o por debajo, en armonía con lo que también sucede en el resto del mundo, donde las tasas de interés no paran de bajar.

La reducción del margen de ganancia empresarial, principalmente por la globalización de la competencia y la intensificación de los procesos productivos en capital y no en mano de obra, es algo predicho hace mucho por Marx, y por ello lo sucedido en Japón, con intereses de cero y economía estancada, nos puede servir de ejemplo para entender hacia dónde vamos.

 

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