Por: Marcos Peckel

Bolsonaro contra Itamaraty

Cuando sube al poder un mandatario elegido con una plataforma de cambios radicales, se topa de entrada con el llamado “Estado profundo”, y nada más profundo en Brasil que Itamaraty, la afamada sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Prototipo de la política exterior de Estado, excelsos embajadores de carrera y, sin embargo, de resultados dispares.

Con el arribo de Jair Bolsonaro al palacio de Planalto, la ansiedad debe estar apoderándose de Itamaraty, pues con base en las declaraciones del presidente electo sobre política exterior, las pugnas no demorarán en aflorar. Y donde manda capitán (literalmente) los marineros de Itamaraty tendrán que plegarse, a regañadientes quizás, a las nuevas directivas diplomáticas, variadas y de hondo calado. Se acaba la diplomacia ideológica y llega la de intereses puros y duros. Promover a Brasil como gran potencia.

Itamaraty podría tener que volverse sepulturero o anestesista de sus propias criaturas, como Unasur, Celac, Mercosur y los Brics, frente a las cuales el capitán (r) ha manifestado serios reparos, por no decir genuino desdén. Unasur ya es un cadáver hediento en las calles de Quito, esperando que la carroña lo devore, lo que ocurriría si Brasil denuncia al organismo siguiendo los pasos de Colombia. Celac nunca nació, por lo que se desvanecerá sin dejar huella. Los Brics, ese proyecto de integración diplomática, comercial y financiera de las potencias emergentes, nunca despegó realmente, y Bolsonaro ha manifestado serias críticas al bloque.

Igualmente ha anunciado que no ve ningún beneficio en que Brasil mantenga relaciones con las “dictaduras comunistas” de Venezuela y Cuba. Chile y Colombia se erigen como sus nuevos aliados en la región y la permanencia carioca en organismos de derechos humanos y tratados de protección ambiental está en veremos.

Lo que debe tener a Itamaraty en un estado de elevado desasosiego y a algunos de sus funcionarios con las tripas revueltas es el cambio que se avecina en las relaciones entre Brasil e Israel. Aunque sólidas en los campos económico y militar, Brasil ha adoptado una posición diplomática abiertamente hostil a Israel en cuanta organización internacional existe. El intercambio de trinos entre Bolsonaro y el primer ministro de Israel parece el de dos viejos amigos que se encuentran en la cima del poder. Bolsonaro reiteró su promesa de pasar la embajada de Brasil a Jerusalén y declaró que Brasil votará a favor de Israel en “casi todo”. Cambio épico.

Significativo trino congratulatorio recibió el capitán de su contraparte en Washington. En momentos en que la política exterior es mas de gobierno que de Estado, las siempre complejas relaciones entre Brasil y Estados Unidos podrían transformarse en alianza, tanto por el estilo de sus mandatarios como por sus posiciones radicales frente a variados temas.

Con Bolsonaro se viene un cambio radical en la política exterior brasileña y en la geopolítica de América Latina.

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