Por: Ricardo Bada

Borges, un invento de Bioy

A Jorge Luis Borges lo nacieron en Buenos Aires, ciudad por la que tuvo un cierto fervor.

No tanto que quisiera morir y ser enterrado allí. Para su eterno descanso eligió las calmosas orillas del lago de Ginebra. Porque eso de irse a morir al extranjero es algo que los argentinos grandes cuidan casi como una tradición, aunque sea involuntaria: pensemos en San Martín, en Sarmiento, en Alberdi, en Carlos Gardel, en el Che Guevara, en Cortázar. Contad si ya van siete... y no es soneto. A un escritor alemán, Gerhard Köpf, se le ocurrió un día una hipótesis que transformó en una narración titulada Borges no existe. En ella, y con todo lujo de detalles, casi casi demostraba que Jorge Luis Borges, como escritor, era una invención de su amigo Adolfo Bioy Casares. ABC, gran señor, gran escritor también, se quiso sacar de encima los mil y un inconvenientes de la fama, y conocedor de lo mucho que le gustaban a su buen amigo Georgie Boy las charlas con los periodistas y ponerse a divagar ante públicos encandilados sobre todo lo divino y lo humano (pido perdón por el pleonasmo), creó el mito Borges para poderse dedicar en paz a su propia escritura. La hipótesis no era mala, ni siquiera descabellada, aunque dejaba sin explicar quién habría escrito Fervor de Buenos Aires, publicado en 1923, cuando Bioy Casares sólo contaba nueve años. En fin, otra vez el jardín de los senderos que se bifurcan.

A Borges tuve la fortuna de conocerlo personalmente, y entrevistarlo, en Stuttgart, octubre del 82. , antes de su entretanto legendario encuentro con Ernst Jünger. Por esas calendas ya le habían hecho todas las entrevistas, de manera que el viejo se sabía todas, todas, las respuestas. Avanzada nuestra charla, me di cuenta de que me estaba toreando a su manera digamos aristocrática. Pero cuando Gerhard Köpf publicó años después su relato Borges no existe, me acordé, casi casi como un argumento en favor de la hipótesis de que Borges era una invención de Bioy Casares, de la respuesta que me dio al preguntarle: “Si le tocase ir al Infierno del Dante, ¿en cuál de sus círculos le gustaría pasar la eternidad?”. ¡Esa era una respuesta que no se sabía! E indirectamente le dio la razón al narrador alemán cuando, después de pensarlo bien, me respondió con esta pregunta: “¿Hay alguno para los perezosos?”. Jorge Luis Borges. Junto con su admirado Kafka, el más grande escritor del pasado siglo. Y tan sabio...

Cuando el conflicto de las Malvinas le preguntaron qué pensaba él, que si debían ser devueltas a la Argentina o seguir bajo el pabellón británico. A lo cual retrucó: “¿Y por qué no se las dan a Bolivia, que no tiene salida al mar?”.

 

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