Por: Ricardo Bada

Borges viperino

Mientras leo el Borges de Bioy, espigo en él varias afirmaciones del eminente ciego, que les regalo —sin referencia bibliográfica— a mis amigos tuiteros. Una de ellas fue su veredicto tras leer muchos sonetos de Lope: «Son una musiquita. Después de los primeros versos podría escribir “etcétera”».

Enseguida me llegaron varias reacciones indignadas que resumiré en esta: «No solamente le atribuyen a Borges estúpidos poemas sentimentales que nunca escribió, donde se lamenta por no haber sido un “niño desobediente” y otros lugares comunes, sino que ahora lo quieren hacer pasar por uno que no sabía nada de literatura. ¿Por qué no se dedican a leerlo y a aprender algo, en vez de perder tiempo y hacerlo perder a los demás?».

Les contesté a todos que se trata de citas extraídas del citado libro, uno ciertamente divino si encubriera más lo humano; en él se documenta un Borges viperino del que no teníamos ni idea. Por otra parte, añadí, si algo demuestra esa frase de Borges sobre Lope es que sí sabía, y mucho, de literatura. Cuando uno analiza a fondo la poesía española del Siglo de Oro, auditivamente, descubre que es bastante más el ruido que las nueces, y a eso se refiere Borges.

Existían, para mí, dos grandes libros de conversaciones entre escritores; el clásico inalcanzable de Boswell sobre el Dr. Johnson, y el de Eckermann registrando sus encuentros con Goethe. No se me caen los anillos para decir que ambos han encontrado un homólogo en éste de Bioy acerca de Borges. Y no se trata de ningún voyeurismo, que acaso sí pueda infectar la lectura por parte de sus compatriotas argentinos; quienes no lo somos, podemos disfrutar del banquete sin que se nos indigeste ni para bien ni para mal, como felices gourmets de la literatura. Y aprendiendo a saber leer, casi en cada página. Por ejemplo, cuando Borges oye por primera vez el discurso Nobel de Hemingway, quien lo empezó diciendo: «Siendo incapaz de toda oratoria, agradezco el honor». Y Borges, al respecto: «¿Cómo? Si no fuera incapaz de oratoria, ¿no agradecería?».

Para abrirles aún más el apetito, les copio otro par de mentadas de madre: Borges, según Bioy: «¡Cómo se hubiera reído Macedonio [Fernández] de sus libros, si hubieran sido de otro!».

Borges en una entrevista, hablando de Sabato: «Es una excelente persona y creo que ha publicado algunos libros».

Pero la mejor, sin duda, es esta: Le leen a Borges, sobre lo “telúrico” en la literatura, una frase de Martínez Estrada: «Hay que pensar con los pies en el barro americano». Y Borges comenta: «Estuvo imprudente Martínez Estrada. Por un momento dice ‘Hay que escribir con los pies’. Luego viene como un alivio lo del barro».

 

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