Por: Oscar Guardiola-Rivera

Borrar la Historia

¿Qué está en juego en las nuevas repeticiones de la ideología de la guerra? Resuena a propósito de Corea, Sudamérica, las relaciones raciales en América, y las fronteras de Europa convertidas en frentes de batalla.

La pregunta es compleja para una columna modesta. Baste con sugerir que en nuestro tiempo la ideología de la guerra opone lo que podría llamarse “el espíritu de 1989”, similar en muchos aspectos a la “idea de 1914” defendida por Jünger o Vásquez de Mella, en contra no sólo del espíritu político de 1968. También busca borrar de la faz de la historia, de la teoría y de la tierra, las múltiples rebeliones subalternas del siglo pasado y de éste.

Ello explica quizás la relativa indiferencia de los medios corrientes respecto del aniversario de la muerte del Che Guevara; que en los Estados Unidos se discuta si grupos de resistencia política organizada son pandillas callejeras, en referencia al caso de Antifa, el grupo anti-fascista que se enfrentó a los neonazis el mes pasado en Charlottesville y al hacerlo salvó la vida de Cornel West y un grupo de predicadores negros, quizá también la de cientos o miles que podrían haber caído en lo que estaba planeado sería la Kristallnacht de la administración Trump; el sentimiento anti-inmigrante escondido tras Brexit y su retórica de “liberar” a Gran Bretaña de Europa; la racialización de los sur-europeos como pueblos perezosos que jamás han debido ser admitidos en la Unión; y la posibilidad de un conflicto nuclear en la Península Coreana que hundiría al Norte guerrerista (begging for war, así describían los teóricos de la guerra justa a los Amerindios del siglo XVI) en una “lluvia de fuego” y al tiempo le daría a Estados Unidos la ventaja estratégica de desestabilizar a China y su frontera.

Se sabe que Corea del Norte no renunciará a su programa nuclear. Kim Jong-un recuerda que Muammar Gadaffi abandonó el suyo en 2003 a instancias de una negociación con Estados Unidos y las potencias europeas que luego coadyuvaron la insurrección en su contra menos de una década después. Atacar a Corea del Norte o imponer sanciones a China no son opciones razonables. China y Trump tendrán que aprender a coexistir con una Corea nuclear, como hizo Nixon en su época.

Las guerras actuales son continuaciones de los combates descoloniales del siglo pasado, de una demanda global de independencia económico-política aún irresuelta.

No es posible borrar el pasado, sea en nombre de la paz o de la guerra.

A propósito de ello, valga apelar en Colombia a las y los excelsos miembros del Comité de Escogencia de la JEP para que su criterio de selección sea el de los méritos de personas como Roberto Vidal López, comprometidos conocedores del contexto, y no el de los padrinazgos de quienes pretenden borrar la historia.

 

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