Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Bosques y fondo de carbono

Hace sólo 30 años, para el discurso del desarrollo la expansión de la frontera agropecuaria a costa del bosque tropical era un propósito nacional.

Los países amazónicos hacían inversiones para ampliar la frontera agrícola. Los gobiernos apoyaban programas de colonización para tumbar selva y generar nuevos espacios para la producción agropecuaria. Se financiaban la tala y la quema de los bosques. Los bancos internacionales apoyaban la apertura de vías de comunicación para vincular dichas áreas a los mercados. Las instituciones prestaban asistencia técnica para la producción agropecuaria. En Brasil, el Gobierno daba excepción de impuestos a las empresas multinacionales que invirtieran parte de sus excedentes en tumbar selva y establecer monocultivos y ganadería. La existencia del bosque se consideraba una expresión de subdesarrollo e incapacidad gubernamental y se hablaba de desarrollar el territorio transformando el bosque, rico y diverso, en praderas homogéneas. Hoy, el mundo piensa distinto y los bosques naturales son valorados por los diversos servicios ambientales que prestan.

Las cosas están cambiando. El mundo está dispuesto a compensar a los países que conservan sus bosques, dada su importancia para la estabilidad climática. Una clara expresión de este propósito es el Programa para la Disminución de la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD+), que nació en el contexto de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Como instrumento para poner en marcha este programa, en 2008 se creó el Fondo Cooperativo para el Carbono en los Bosques (FCPF, por su sigla en inglés) y su administración se encomendó al Banco Mundial.

Los objetivos del FCPF son proporcionar incentivos para la reducción de emisiones asociadas a la tala y quema del bosque, proteger los bosques y su biodiversidad y fortalecer los medios de subsistencia de las comunidades locales dependientes de los bosques. Hoy, Colombia es uno de los 36 países en desarrollo vinculados a este fondo, donde también hay 18 contribuyentes financieros, incluidos países desarrollados, sector privado y una ONG internacional. EL FCPF tiene observadores entre los que están los grupos indígenas y otros representantes de la sociedad civil. Países y organizaciones participantes se reunieron en Santa Marta la semana pasada.

Según el informe allí presentado, el FCPF ha recaudado a la fecha 450 millones de dólares para financiar sus actividades, a través del Fondo de Preparación y el Fondo de Carbono. Colombia ya recibió recursos del Fondo de Preparación para iniciar el diseño de su estrategia nacional para la reducción de la deforestación, y está avanzando para entrar en una segunda etapa para definir su estrategia y formular proyectos. El Fondo de Carbono financiará propuestas de nivel nacional o subnacional. El país debe demostrar que efectivamente está disminuyendo la tasa de deforestación y degradación de sus bosques y que está conservando sus áreas protegidas. Estos propósitos, que están en el Plan Nacional de Desarrollo, requieren el acuerdo y el trabajo efectivo del Gobierno Nacional (DNP y los ministerios de Agricultura, Minas, Ambiente y Vías y Transporte), del sector privado y de la sociedad civil, donde comunidades indígenas y afrocolombianas son las principales protagonistas.

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