Por: Alfredo Molano Bravo

Botón de muestra

MI AMIGA ROSA ROSAE TIENE UNAS 10 hectáreas cultivadas en rosas en el municipio El Rosal, vecino de Subachoque, donde murió el general Obando cuando los generales morían en los campos de batalla. Saca cada año al mercado de EE.UU. cinco millones de tallos, como llama a las rosas. En plata blanca esos tallos valen US$1,3 millones —$2.700 millones— y empleaba 120 trabajadores cuando el dólar estaba a $2.000.

Con las caídas que ese detestable billete tuvo la semana pasada a $1.650, mi amiga ha tenido que botar a la calle 35 obreros. Si la cuenta no me falla, por cada diez pesos menos por dólar por revaluación se pierden 0,1 empleos. De ahí que Asocolflores sostenga que se han suprimido 18.000 empleos directos y que unos 45.000 están en capilla para sacar.

El Gobierno le abona a cada exportador $10'000.000 por hectárea, lo que significa para Rosa Rosae, unos $100 millones anuales, siempre y cuando certifique que el número de obreros sea el mismo, que presente las facturas de costos y recibos de venta, que pague los parafiscales, y que contrate un intermediario financiero para que le haga las vueltas en la Bolsa.

Si por fin logra consignar esa plata, la cuenta seguiría arrojando un déficit de $300 millones anuales, si se tiene en cuenta que lo que gastó en producir los 5 millones de rosas fueron $3.100 millones, que el subsidio sólo le alivia $100 millones cuando vende todos sus tallos en $2.700 millones. No obstante, hoy con el dolar a $1.675, Rosa Rosae, sólo recibirá  $2.177 millones.

La pregunta que salta es ¿por qué los floricultores son tan condescendiente con la política de subsidios del Gobierno y se contentan con chichiguas? Por dos razones: una, porque los grandes floricultores suelen tener abultados colchones para amortiguar las crisis y además porque muchos son dueños de cadenas de comercialización en EE.UU., que es el verdadero negocio; y dos, porque son rabiosamente uribistas y le hacen la venia a todo lo que su jefe diga o haga. No falta gente que piensa que muchos de los grandes floricultores tienen entraditas nacidas en actividades non sanctas que lavan con facilidad con rosas, pompones y claveles, razón por la cual pasan de agache en el tema de subsidios. ¡No les faltaba más ser tan desagradecidos!

Toda esta carreta y estas cuentas tan difíciles de hacer para decir que la revaluación, producto entre otras cosas de las garantías tributarias y de la propaganda de la Seguridad Democrática que atrae inversionistas de todo tipo al país, a la larga tiene como efecto, muy paradójico por cierto, la merma del empleo. Los empresarios anunciaron en Medellín esta semana que los despidos masivos podrían sumar 50.000 puestos de trabajo.

¿De dónde sale tanta plata como para hacer bajar el dólar tan velozmente? El Gobierno y los economistas paniaguados —que abundan— responden que no entienden qué es lo que pasa. César Gaviria se los reprochó. César González se burla diciéndoles que “no se hagan los locos”, y que antes de tantas maromas debían explicar, por ejemplo, cómo llegaron al país el año pasado de un paraíso fiscal del Caribe, llamado Anguilla, más de mil millones de dólares.

La Seguridad Democrática, que Uribe publicita como el secreto de la prosperidad al rodear de garantías a los inversionistas, ha comenzado a pelar el cobre: tantos dólares de origen tan brumoso comienzan a ser más que sospechosos, sobre todo por las evasivas con que el Gobierno explica el frenético ritmo de ingreso a nuestra economía.

El reintegro al país de los dólares que salieron como cocaína podrían también explicar el crecimiento de los cultivos ilícitos, que la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (Undoc) calcula en un 27%, a pesar de las miles de toneladas de veneno con que los han fumigado, de los miles de millones de dólares pagados a los reinsertados para arrancarla, del gasto en selva que implica gambetear las chagras de coca del Caquetá al Putumayo y del Putumayo a Nariño y de Nariño al Cauca y de los miles y miles de millones gastados para coger los embarques que no pudieron ser negociados a tiempo.

Y para no dejar la culebra suelta: hay que agregar a todas las gracias de la Seguridad Democrática, las nuevas cifras de Acnur sobre el desplazamiento interno: tres y medio millones de conciudadanos desarraigados de sus tierra, de su gente y de su trabajo. El desplazamiento de población no es por supuesto resultado de un solo factor, sino de la suma del enfrentamiento de todas esas fuerzas  que llamamos guerra.

El Gobierno ha dicho ya que tanto las cifras de Undoc como las de Acnur no son ciertas, aunque no puede decir que son elaboradas por terroristas, y se alista a fabricar unas para demostrar el virtuoso resultado de sus políticas. El 84% de sus creyentes las aceptará sin chistar palabra, pero afuera del país, donde saben de cifras, a Pachito Santos no le será tan fácil meter gato por liebre.

 

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