Por: Luis Carlos Vélez

Brasil 2014: no tan buen negocio

Hace poco más de siete años, cuando Brasil recibió la noticia de que sería la sede de la Copa Mundo, este país celebró como sabe hacerlo.

No solamente porque era lo más lógico que una de las naciones que mejor se perfilaban en el ambiente económico internacional asumiera este gran reto, sino porque también había plata para celebrarlo y ejecutarlo.

Desde entonces las cosas han cambiado drásticamente. Al recibir la cuenta de este café en el lobby del hotel en Río de Janeiro por unos 12.000 pesos colombianos se puede empezar a comprender por qué este país ha ido perdiendo el brillo y la realización del Mundial tiene tan molestos a muchos.

Después de haber sido considerada una de las economías emergentes más atractivas del planeta y haber sido incluida en el exclusivo y prometedor club BRIC, conformado también por Rusia, India y China, este país se ha ido deslizando de la cima. Alta inflación, incrementos en las tasas de interés, bajos niveles de productividad, baja inversión en infraestructura y altos niveles de proteccionismo han ido desinflando las altas expectativas internas y externas sobre esta gigantesca nación.

¿Qué pasó? Un manejo económico populista, la generación de expectativas irracionales y la corrupción llevaron a Brasil a desperdiciar este momento de visibilidad internacional.

La experiencia del café en el lobby del hotel dice mucho de todo esto. No solamente por el descarado precio de la bebida, teniendo en cuenta además que este país es el mayor productor de café del mundo, sino por la insatisfacción nacional que se ve reflejada, entre otras cosas, por el mal servicio.

Y es que la gente en este país está hastiada de trabajar por un salario que no le alcanza para vivir, algo muy similar a lo que ocurre en Colombia. Lo peor, dice, es que los precios de las cosas han subido exponencialmente desde que se anunció que su país sería la sede del Mundial y los Olímpicos. Está indignada porque considera que los US$1.000 millones que se invirtieron en la adecuación de estadios para la copa pudieron ser destinados mejor en proyectos de educación y salud y no en una fiesta privada de la Fifa. Se pregunta: ¿qué quedará después de este mes de torneo? No encuentra respuesta. Tampoco la encuentra la agencia calificadora de riesgo Moody’s que en su más reciente reporte dice que “ve poco impacto del Mundial en la economía del país”.

Entretanto las autoridades anunciaron que incrementarán el pie de fuerza para evitar los desmanes. En los primeros días de la Copa, los manifestantes indignados por la realización del torneo en medio de esta dura situación económica se hicieron sentir en Río y São Paulo. El Gobierno espera contenerlos hasta que se acabe el Mundial y al mismo tiempo reza para que la selección local hipnotice la inconformidad que, desbocada, lo único que hará será decepcionar más.

 

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