Brasil, una carta en el juego de la Casa Blanca

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Un día después de ser recibido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su residencia de Mar-a-Lago en Palm Beach, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, firmaron en Miami un acuerdo bilateral de defensa, que busca “perfeccionar o proveer nuevas  capacidades militares”.  

Se espera que este acuerdo de acceso a Brasil a un fondo de desarrollo de tecnología para la defensa de 100 mil millones de dólares y que permita la entrada de productos brasileños a los 28 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte - OTAN.  Actualmente, Estados Unidos tiene acuerdos similares con 22 países. En América Latina solamente con Chile, pero éste aún no ha sido ratificado por el Congreso.

Este acuerdo no surgió de la noche a la mañana. El camino empezó a ser despejado en el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2010, en un controvertido acuerdo de cooperación militar que rompió con el patrón establecido desde la dictadura militar, cuando el gobierno Geisel denunció los acuerdos militares existentes. En la época se decía que lo que estaba en juego era una venta millonaria de aviones de Embraer brasileños a Estados Unidos, pero el acuerdo 2010 solamente fue ratificado en el gobierno de la Presidente Dilma, en 2015.

El 22 de marzo de 2017, en el gobierno del presidente Michel Temer, Brasil y Estados Unidos firman el Acuerdo Marco para intercambio de informaciones sobre tecnología de defensa y para desarrollo de productos binacionales, (MIEA, según sus siglas en inglés).

Del 6 al 13 de noviembre de 2017, el gobierno brasileño, invitó a militares de Colombia, Perú, Estados Unidos y Brasil, acompañados por 22 países observadores, a participar  de la Operación América Unida en la Amazonia. Un hecho inusitado en la perspectiva de seguridad y defensa del país. Además, empezaron las  negociaciones con Boeing para la venta de la Empresa Brasileña de Aeronáutica  - EMBRAER.

En el primer año del gobierno Bolsonaro, al mismo tiempo que el Presidente Trump puso obstáculos comerciales al acero brasileño, se comprometió a apoyar la entrada de Brasil a la OCDE, firmó un acuerdo que permitirá el uso de  la  base militar brasileña de Alcántara para lanzamiento de cohetes. A cambio, concedió a Brasil el honor de ser aliado preferencial  extra OTAN.

El acuerdo firmado en la sede del Comando Sur recuerda  viejos tiempos, cuando el  Brasil de la dictadura militar optó por un alineamiento automático con Estados Unidos y soñó con una relación preferencial con la Casa Blanca. Brasil prácticamente renuncia a sus intereses estratégicos en el área de seguridad y defensa y Estados Unidos no asegura transferencia de tecnología.

La política exterior de Brasil, anteriormente reconocida como una Política de Estado, parece cada vez más de gobierno y, de alguna forma, va desdibujando los márgenes de autonomía, soberanía y desarrollo del país, como si aceptara nuevamente y de buen grado un papel de subordinación, vinculado a los intereses estratégicos regionales y globales de Estados Unidos.

Según un documento del Comando Sur, el Ministerio de Defensa Brasileño indicó que el acuerdo deberá ser ratificado por el Congreso brasileño. Sin embargo, el Secretario Adjunto del Ejército de los Estados Unidos pretende buscar  vías para que pueda ser firmado por el Ministerio de Defensa, bajo la modalidad de cooperación, sin necesidad de pasar  por el Congreso.

Este acuerdo se produce en medio de un desempeño económico bajo, la devaluación del real de aproximadamente 15% frente al dólar y al enfrentamiento de la Presidencia con el Congreso. Todo esto da la impresión de que Brasil camina hacia un desgobierno autoritario, que contraría la hipótesis de que la fuerza de las instituciones podría detener el caos.  

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