Por: Yolanda Ruiz

Brecha salarial

Escribí en la cuenta de Twitter esta semana, hablando de una noticia importante sobre el informe de educación y empleo de la OCDE, que era necesario cerrar la brecha salarial que existe todavía entre hombres y mujeres. Me sorprendió que, al lado de los mensajes de muchas mujeres que me confirmaban ese dato con base en sus experiencias personales, aparecían múltiples respuestas que venían ligadas a críticas y reproches, unas abiertamente machistas y otras más sutiles pero que reflejan una cultura de inequidad que tenemos incrustada en lo más profundo de nuestro pensamiento.

El informe “Panorama de la educación 2018” reveló que cada vez hay más mujeres profesionales al punto que ya se llega al 50 por ciento. Contrasta el dato con el 38 por ciento de los hombres que alcanzan la educación superior. Cuando las mujeres salieron por fin del espacio de lo privado y reclamaron su derecho a la educación descubrieron un camino en el que no han parado de crecer. Esa es la buena noticia, pero la mala es que, a pesar de estar mejor educadas, las mujeres en su conjunto siguen ganando menos que los hombres.

Ser mujer en el mundo laboral es tener que ser mejor, más disciplinada, más formada, más entregada y aun así tener que batallar por conseguir lo que ordena la ley: que no discriminen a la hora de tener acceso al empleo y a la hora de pagar.

En el debate sobre el tema, para controvertir mi planteamiento sobre la brecha salarial, algún tuitero argumentó que el asunto era de trabajar y “ganarse” el empleo y el sueldo en franca lid. Otro más aseguró que esto no es asunto “colectivista” y uno más, que eso no era cierto porque en su oficina todos ganaban igual. También alguna mujer reclamó porque no se sentía con derecho a ganar lo mismo que su jefe ya que él tenía más experiencia. Por eso noto que tenemos dificultades para entender lo que pasa de fondo y vale la pena precisar que cuando se habla de brecha salarial de género hablamos de la diferencia promedio que hay entre lo que se ganan hombres y mujeres. Hay diversos indicadores que lo reportan y uno de ellos es el de la OCDE.

Nadie propone que le “regalen” un buen salario a una mujer, se trata de que se le pague lo justo y no menos por no tener testículos sino vagina. A igual trabajo e igual capacidad, igual salario. También hay cargos que son similares pero hay diferencias de formación, educación y trayectoria y se entiende que exista un escalafón en donde pueden estar arriba hombres o mujeres, según las tareas que cumplen. Pero si el cargo es igual y las capacidades son iguales el salario debe ser igual y eso no siempre se cumple. A pesar de que en el caso de Colombia tenemos una ley antidiscriminación, parece que en ocasiones eso no sirve.

Es cierto que muchas empresas han logrado avanzar en esa materia y hoy muestran mayores niveles de equidad, por fortuna, pero no es lo general y hoy todavía vivimos la discriminación en materia de remuneración, como se vive también cuando las mujeres intentan acceder a un cargo. Aún hoy un empleador ante un hombre y mujer con igual hoja de vida y capacidad tiende a inclinarse con frecuencia por el hombre ante el temor de los embarazos o con la idea de que una mujer que tiene hijos o familia en general puede tener más ausencias laborales que los hombres. Son estereotipos, conceptos machistas que siguen existiendo y que vamos erradicando poco a poco.

Me llamó la atención que también un tuitero reclamó porque se sienten discriminados los hombres y otro más dijo que éramos “insaciables”. No, no somos insaciables, las mujeres pedimos equidad, nada más.

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