Por: Rodolfo Arango

Brillantes y politiqueros

LA REVISTA SEMANA HA TENIDO LA saludable iniciativa de pedirles a sus lectores que califiquen a los precandidatos presidenciales según cuatro criterios: brillante, creíble, avión o politiquero. Los resultados no sorprenden.

Como brillantes clasifican a Antanas Mockus, Carlos Gaviria Díaz, Sergio Fajardo y Gustavo Petro. Los internautas creen lo que dicen Rafael Pardo y Lucho Garzón. Los politiqueros o aviones son encabezados por Carlos Holguín Sardi y Noemí Sanín, acompañados por Germán Vargas Lleras, Andrés Felipe Arias, Juan Manuel Santos y Marta Lucía Ramírez, todos de la coalición uribista, además de los restantes seis precandidatos liberales. Algunos resultados pueden ser injustos. Lo que cuenta, no obstante, es la percepción de la gente a la hora de acudir a las urnas.

Los resultados son parciales, pero muestran las tendencias que pueden generalizarse. Los lectores de Semana pertenecen a estratos medios y altos de la población que si bien forman opinión no representan gran caudal de votos. El ejercicio no refleja por ahora la intención de voto. La encuesta no muestra la votación en los cuatro criterios para cada precandidato, lo que permitiría matizar los resultados. Pero mucho va de Pedro a Pedro entre un país gobernado por brillantes personalidades y uno dirigido por aviones y politiqueros. La paradoja es que los insignes primeros no puntean en las encuestas, mientras que sí lo hacen los señalados de aviones y politiqueros. La sentencia no es en vano: siete años de ejercicio del poder por parte de estos últimos nos han legado, además de la seguridad en los caminos, millones de desplazados, desempleo rampante, corrupción en el Legislativo y en el Ejecutivo, concentración de la riqueza, entrega de la soberanía nacional, degradación moral de las fuerzas militares e impunidad generalizada. Todo maquillado bajo la maquinaria de propaganda oficial, los beneficios y las ventajas para los grandes negocios, los cheques para familias pobres y la retórica patriotera y nacionalista del Gobierno, ávido de sangre y de guerra, tanto interna como externa.

El gran reto para independientes y opositores consiste en la superación de la pobreza, material y espiritual, que afecta a millones de colombianos. La solución a la corrupción y a la violencia depende de la efectiva disminución de la pobreza por vía del empleo digno, la educación y la salud públicas de calidad, la alimentación equilibrada y la vivienda adecuada para todos. A las propuestas guerreras y neoliberales de aviones y politiqueros se opone una creciente opinión pública que desea recobrar la esperanza de un futuro mejor para la presente y las próximas generaciones, mediante el ejercicio honesto de la inteligencia, con igualdad de oportunidades, y no mediante la cultura del miedo y el abuso de los símbolos patrios y religiosos.

Para la salud de la democracia colombiana, independientes y opositores, sin pactos con aviones uribistas que ahora se presentan como honestos compatriotas para llegar a la Presidencia o encabezar listas al Congreso, deben hacer un frente unido y programático para sacar al país de la podredumbre en que lo han sumido curtidos politiqueros. Para la muestra varios botones: la compra de votos reeleccionistas por notarías, el perfil antipenalista y ultrauribista de los candidatos a la Fiscalía General de la Nación y el premio en el servicio diplomático al saliente retórico Fiscal, sin resultados en los casos espinosos para el Gobierno.

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