Por: Juan David Zuloaga D.

Brotes nuevos de males viejos

NO ES PORQUE QUERAMOS TRAER A la memoria un hecho doloroso que se cerró hace ya tiempo sino precisamente porque, de alguna manera, no se ha cerrado del todo la fuente de desprecio y de odio que alimenta esa inclinación dolorosa de aquel pueblo, por lo que conviene detenerse un instante en el hecho acaecido en la pequeña población de Tröglitz la semana pasada.

Un albergue que sería destinado para la acogida de inmigrantes fue quemado por habitantes de esa ciudad. Semanas atrás, el alcalde del pueblo, Markus Nierth, que pretendía recibir a unas cuarenta personas que solicitan asilo en Alemania, se vio obligado a renunciar por la presión de grupos políticos y la oposición de grupos neonazis. Semana tras semana decenas de manifestantes dirigidos por el Partido Nacional Democrático (NPD), de inclinación neonazi, comenzaron a protestar en contra del proyecto de acogida de los asilados. La protesta se trasladó a la casa del propio alcalde, un teólogo que llegó al cargo apoyado por la Unión Cristianodemócrata (CDU). Tras semanas de protestas y de amenazas, el alcalde renunció. Conmueve saber que no es un hecho aislado, sino una más de las amenazas que otros tantos políticos han sufrido por parte de grupos neonazis.

Lejos, entonces, de haberse superado ese episodio vergonzoso que aún causa escalofrío y que por muchos siglos seguirá remordiendo la conciencia de la humanidad —de la poca que aún queda o quede en los años por venir—, estos acontecimientos dan nueva fe de que aún están lejos de hermanarse los pueblos y que a lo que más le sigue temiendo el hombre es a lo que le es ajeno y desconocido. Muestra también que aún le quedan siglos de vida al nacionalismo y que la globalización se sigue desarrollando a pasos distintos en los diversos niveles del entendimiento y de la convivencia; por ahora avanza con decisión sobre todo en el plano de lo económico.

Habrá quien quiera replicar que, en todo caso, alguna distancia hay de los hechos ocurridos en la Alemania del nacionalsocialismo al incendio del albergue de Tröglitz, dirá que algo se ha avanzado desde los acontecimientos lúgubres y tristísimos de aquellos años y el incendio provocado la semana pasada. Que, al cabo, ninguna persona murió. A ese optimista habría que recordarle que el ascenso de esa calamidad llamada nacionalsocialismo tuvo un comienzo tímido y en apariencia inofensivo, que los refugiados no habían aún llegado al pueblo y que el incendio del albergue impidió su arribo, en un acto deplorable que puede ser inscrito dentro del mismo orden de acontecimientos de esa Alemania siniestra que mandó a la muerte a tantos; una muestra más de la crueldad de la que las personas son capaces con todo aquel al que consideran extranjero, distinto, otro. No es, pues, menos cruda ni menos dolorosa esta crueldad perpetrada; acaso tan sólo sea más refinada.

 

@Los_atalayas

 

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