Por: Hernán Peláez Restrepo

Buen cuento

No es realmente una sorpresa ver cómo se arrimaron a las finales Bucaramanga, La Equidad y Tolima. No es un detalle menor, pues en primer lugar la nivelación del plan de juego de los equipos nuestros, donde cualquiera le gana a cualquiera, sino ver cómo, con recursos escasos, los tres equipos citados, equiparan las fuerzas y los resultados de otros, dueños de chequeras abultadas.

El caso de Bucaramanga es llamativo. Este 2018 ha contado con cuatro directores técnicos y casi el mismo plantel. El asunto comenzó con el argentino Diego Cagna, quien en el primer semestre y en 17 fechas dejó al equipo en el puesto 17. A continuación apareció Adolfo Holguín, con carácter de interino. Apenas estuvo dos partidos. Uno lo ganó y el otro lo perdió. Después arribó Carlos Mario Hoyos, quien permaneció seis jornadas, ya en el segundo semestre. Ganó uno, empató dos y perdió tres.

Finalmente, Flabio Torres, que desde un palco y con la ayuda de dos exjugadores, Robert Villamizar y Óscar Serrano, cumple un estupendo trabajo. De los 10 partidos orientados, ganó ocho, empató uno y solo perdió un juego.

Los búcaros figuran con 32 puntos, libres de polvo y paja, y aún pueden aumentar el saldo a favor. El temperamento del panameño Gómez, la sapiencia y experiencia de Sherman Cárdenas y la resurrección con goles de Rangel han sido factores determinantes en la recuperación de una plaza siempre futbolera, como lo es Bucaramanga.

Pero también está La Equidad, con 32 puntos y sin mucha alharaca. Resulta el mejor equipo bogotano, muy por encima de los tradicionales, Millonarios y Santa Fe. Los verdes de Techo, con nómina modesta y sin presiones, han conseguido despertar simpatía por las intenciones de jugar buen fútbol, con respeto por el juego mismo y estructurando buena armazón, con Novoa, Nájera, Motta, De Alba, Lima y un grupo de jóvenes que aplican la idea de Luis Fernando Suárez, un ya curtido director técnico.

El Tolima va por igual sendero, y Alberto Gamero, acostumbrado a manejar situaciones como la vivida con la salida de Sebastián Villa y Ángelo Rodríguez, consiguió con Marco Pérez reemplazar goles y poner a funcionar con velocidad y presión a todo el grupo.

Suárez, Flabio y Gamero tienen su cuento. Los tres conocen el manejo de grupo y darán pelea en las finales, aprovechando las urgencias y necesidades de los mal llamados equipos grandes.

 

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