Por: Andrés Marocco

¿Buen desayuno, buena la cena?

Todavía es muy temprano para conclusiones, pero con un buen inicio siempre se disparan los sueños. Así de extraño puede ser el fútbol.

El semestre pasado Santa Fe se reforzó bien y la gente, con la ayuda de cierto amarillismo no sé qué tan bien intencionado de la prensa, exigía título como mínimo.

El cuadro cardenal demostró inestabilidad en sus líneas y falta de jerarquía cuando se vio clasificado a las finales con anticipación. Además lo mató el rumor del cambio de timón que se filtró después del clásico con Millonarios. Se llenó de inseguridad en la cabeza y de esa relajación que siempre acaba por descuidar el objetivo real en nuestros deportistas.

El sábado todo pareció ir por donde es. El equilibrio fue el principal factor que llevó a conseguir tremendo resultado. La zona se acomodó sin inconvenientes y salvo algunas desconcentraciones normales, esa seguridad en contención que nunca aparecía antes fue clave para que de la mitad para arriba el equipo definiera con contundencia.

El Bolillo Gómez podrá dividir la opinión donde quiera que vaya, pero no se puede negar que es un técnico de categoría, que inspira respeto desde el banco y que sigue vigente tácticamente. No se quedó en la teoría como su amigo Francisco Maturana y si lo dejamos trabajar, puede conseguir cosas muy importantes con este grupo que se quiere consolidar.

Sorprende lo rápido que el grupo está entendiendo la información del técnico. Por eso mismo es demasiado pronto para asegurar que esto va a funcionar, pero lo del sábado fue un excelente abrebocas para la sufrida hinchada roja, que tiene todo el derecho para ilusionarse poco a poco y, entendiendo que vendrán partidos regulares y malos, que nunca volverá a enfrentar un Nacional tan confundido, que a propósito tiene que mejorar en todo porque no mostró nada en Bogotá. El ‘expreso’ de Gómez empezó pisando muy fuerte.

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