Por: Pascual Gaviria

Buen partido y mal marido

EL DICCIONARIO PERSONAL DE SILvio Berlusconi define la política como el arte de cortejar a las multitudes. Il Cavalieri juega desde sus inicios electorales a ser un buen partido para Italia: un novio irresistible aunque algo atrevido.

Es cierto que seducir es el trabajo de todos los políticos, pero las maneras de Berlusconi recuerdan demasiado al pretendiente profesional, al hombre acostumbrado a vender el espectáculo de sus gestos, el prodigio de su fresca sonrisa de 32 dientes y 72 años, el gesto grave del burlón en trances difíciles. Hace unos años, un desmayo suyo frente al atril del orador enardecido dejó rendida a media Italia. Berlusconi seduce por igual con la arrogancia o la debilidad.

Pero las conquistas privadas, las que entregan un voto más duradero y una urna más esquiva, han terminado por sembrar recelos sobre las seducciones del político. Las osadías galantes de Silvio Berlusconi, esta vez mezcladas directamente con el proselitismo, han colmado la paciencia de su devota; y el escarnio de un juicio de divorcio amenaza con disminuir todos sus atractivos: su riqueza, su discurso de padre amantísimo, su relación de acólito fiel con los obispos, sus aventuras pícaras que ahora rayan con los gustos pederastas. Un político amigo le resaltó su equivocación de esposo y presidente del Consejo de Ministros en trance electoral: “A las mujeres y los hijos conviene siempre tenerlos contentos. Por eso yo no ando por ahí con las ‘veline’”.

El consejero de ocasión se refería a las bellezas del espectáculo que Berlusconi inscribió en la lista de su partido como anzuelo para las próximas elecciones europeas. Una colección de “azafatas” que hacía que las correrías políticas del magnate italiano se parecieran a los viajes de Hugh Hefner. Verónica Lario, esposa y “velina” en otros tiempos, no resistió la ofensa y decidió utilizar la voz de los periódicos de izquierda para regañar a su amor de casi 30 años. “Si en la casa no atiende los reclamos, tal vez gritándolos a los vecinos se dé por aludido”, debió pensar la ex actriz de telenovelas de 52 años. Lario no limitó su reclamo al simple ámbito doméstico, al contrario, aprovechó para lanzar una diatriba contra las estrategias políticas de su dulce enemigo: “Es preciso mirar en el espejo a este país. Un país en el que las madres ofrecen a sus hijas menores de edad a cambio de una notoriedad ilusoria. Un país en el que nadie quiere hacer sacrificios, porque la fama, el dinero y la suerte llegan desde la televisión, con el Gran Hermano. ¿Qué futuro espera a un país así?”. Berlusconi no tuvo más remedio que sacar a las misses de la lista al tiempo que dejaba una constancia de buen gusto: “Nunca el PDL (su agrupación política) llevará a Europa a personajes malolientes y mal vestidos como esos que circulan por los hemiciclos parlamentarios con ciertos partidos”.

Es seguro que el despecho lo empujó hasta Nápoles a la fiesta que celebraba la mayoría de edad de una joven rubia que lo llama Papi por cariño. Verónica Lario habló de las jovencitas que frecuenta su marido y pidió el divorcio en edictos de primera página. Y los obispos se mostraron severos con su aliado incondicional: “Seguimos pidiendo un presidente que, con sobriedad, sepa ser un espejo lo menos deforme posible del alma del país”. Las aves de mal agüero recuerdan que un juicio de divorcio fue el detonante del escándalo Mano Puliti. Parece que es más fácil manejar la sociedad que la sociedad conyugal.

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2009-05-05T21:14:52-05:00

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