Por: Iván Mejía Álvarez

Buenas sensaciones

A Bolivia había que ganarle bien, sin dejar duda alguna y eso se logró.

Gómez utilizó una frase correcta para definir el triunfo: “Ganamos con autoridad”. Una defensa sólida que llegó a los 510 minutos sin gol en contra, un medio campo que trabajó bien en contención y con veloces desdoblamientos por los costados y un atacante en punta que concretó una opción con pelota en movimiento y cobró correctamente el penalti que le dieron.

Esa autoridad de la que habla el técnico es lo que también se denomina jerarquía para saber estar, para saber resolver, para no dejarse complicar la vida de rivales inferiores. A los chicos hay que ganarles y punto. A los grandes hay que jugarles y el fútbol puede deparar gozos y sinsabores, es la ley de la competición. Lo que no es válido ni aceptable es sufrir para ganarle a equipos como Costa Rica y Bolivia, dos cenicientas sin fútbol, sin clase ni autoridad.

Ahora bien, pasar la primera fase era una obligación ante ese tipo de adversarios. Lo que estuvo bien fue lograr el primer lugar del grupo por encima del favorito. Eso no estaba en las cuentas y hay que saludarlo, así como hay que tomar con tranquilidad el doblegar a los otros dos rivales.

A esta altura el técnico tiene varios factores de análisis: su fondo, incluido el volante tapón, funciona bien, lo cual es prioritario. Un buen equipo se construye a partir de una buena defensa y en ese concepto no sólo se incluye al portero y sus zagueros, sino al equipo para que colectivamente defienda desde bien arriba, desde Falcao. Esa actitud de presionar, cerrar espacios, ser solidarios es fundamental en un equipo que funciona como tal.

El equipo también ha entendido que para ser equilibrado debe tener un desdoblamiento, transición, pasando al ataque velozmente y aprovechando los espacios que le den los adversarios. La cuota de opciones de gol en los tres partidos ha sido generosa, lo cual habla bien del factor equilibrio.

Faltan detalles. El técnico tendrá que trabajar más en la salida con balón limpio desde el fondo, quitarle a Yepes el vicio del pelotazo arriba como si tuviera a Ibrahimovic en punta; a Sánchez hacerle entender que el primer pase también puede ser hacia el costado y no necesariamente una pelota guerreada; a los volantes internos Aguilar y Guarín, que pueden hacer más volumen en la mitad para descargar con un poco más de sorpresa y menos verticalidad; a los delanteros, que el peligroso virus del egoísmo y el individualismo aniquila las nociones colectivas y termina creando problemas internos. Pero el equipo como tal se está construyendo y deja buenas sensaciones.

Posdata: parece injusto que se haya regañado a Teófilo por decir que el equipo podría ser más ofensivo. Es un concepto y tiene todo el derecho de expresarlo. La madurez del grupo y del cuerpo técnico consiste en asimilarlo y analizarlo porque lo único que no se puede aceptar es cercenar la libertad de opinión. José Obdulio y la inquisición están en otra parte. El problema no es de Gómez sino del grupito de zalameros y áulicos que se instalaron a su alrededor y que quieren que todo vuelva a ser como antes: mis amigos y mis enemigos. A veces suda más la tapa que la olla.

 

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