Por: Mario Fernando Prado

Buenaventura, ¿capital del Pacífico?

Mucho movimiento hubo esta semana en Buenaventura, y no propiamente por los problemas endémicos que padece, sino por las oportunidades que se avisoran. Se trata de su próxima postulación, por parte del gobierno nacional y el Banco de Desarrollo de América Latina, como la capital de la Alianza del Pacífico.

Esta decisión, que ojalá resulte favorable, habida cuenta su situación geográfica y su proximidad con el canal de Panamá, va a significarle a la que ya se está llamando ciudad-puerto una transformación absoluta para sus habitantes y su calidad de vida y para afincar mejor las inversiones y las perspectivas de negocios que cada vez son más grandes y espectaculares.

En este orden de ideas, es preciso acometer obras como el mejoramiento de las redes de alcantarillado, agua y energía, el plan de desarrollo y el programa de renovación urbana con el Malecón y el bulevar Bahía de la Cruz y la terminación de la doble calzada Buga-Loboguerrero-Buenaventura, que lleva una docena de años a paso de tortuga y a la que menos mal en los últimos meses se le ha advertido un buen impulso.

Y no sólo eso: se requiere además profundizar su canal de acceso a 16 metros para que puedan entrar los buques Post-Panamax, la construcción de terminales logísticos para convertirla en una ciudad industrial, la formación bilingüe que incorpore el aprendizaje del inglés y el mandarín, y los estímulos tributarios para atraer plantas de producción generadoras de empleo.

Hay que recordar que Buenaventura no es un puerto sólo del Valle del Cauca sino una ciudad-puerto de Colombia entera, y el gobierno nacional así debe entenderlo. De lo contrario seguirá figurando como la cenicienta portuaria de América, mientras que Cartagena, Santa Marta y Barranquilla, que juntas no mueven la carga que con mucha dificultad entra y sale del bello puerto del mar, se llevan todas las medallas y viven listas para la foto.

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