Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Buenaventura

Son más de 15 días que el puerto más grande de Colombia lleva en paro cívico y para nadie es un secreto que en Buenaventura las cosas no están bien desde hace mucho tiempo, por el abandono y la desidia no solo del Gobierno Nacional, sino también de las administraciones departamental y municipales, de su clase dirigente y de su misma población. Y es que finalmente hay una combinación de muchos factores.

La economía de la ciudad la mueve el puerto, que fue privatizado en el pasado ante el desangre de recursos para el Estado por los malos manejos y los altos costos laborales. El puerto se modernizó y hoy es rentable y desde ahí se mueve más del 50 % de la carga de nuestro país. Pero ese mundo del puerto es uno muy diferente al de fuera del puerto, en el que la pobreza, el desempleo y el abandono están presentes creando violencia y desesperanza.

Hoy protestan, quieren un cambio, quieren que se cumplan las promesas que son hechas año tras año por sus dirigentes y el Gobierno. Quieren soluciones a los problemas de servicios públicos —agua potable—, saneamiento básico —alcantarillado—, medioambiente, vivienda e infraestructura, educación —escuelas y colegios— y salud —centros y hospitales—, entre muchos otros. Quieren que les cumplan las promesas, que se genere un cambio. La corrupción local tiene que ser controlada y probablemente la inversión nacional deba ser ejecutada en forma diferente para que las obras se hagan. Es necesario buscar formas de empleo distintas a las generadas por la economía portuaria y el Estado. Son necesarios programas de capacitación para la población.

Es importante que el sector privado invierta parte de sus ganancias en el bienestar de la ciudad, pero igualmente es necesario que los recursos por concepto de regalías sean invertidos y haya un importante control de ellos para que estos lleguen a la población. No es una tarea fácil la que está por venir que realmente resuelva los problemas estructurales que aquejan a la población de Buenaventura. Ya el mismo paro cívico es un despertar y un cambio.

 

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