Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Buenaventura: se draga o se jode...

O se termina de joder. Mientras la podredumbre de la corrupción sigue campante e imperando en las esferas municipales con escándalos cada vez más vergonzosos, mientras crecen el desempleo y la violencia, mientras el narcotráfico y el microtráfico continúan aumentando y se vive un clima de desasosiego, un problema aún mayor amenaza con acabar su actividad portuaria.

En vano se hacen ingentes esfuerzos para sacar avante proyectos tan elementales como un acueducto 24 horas, un hospital con todas las de la ley, una línea alterna de electricidad para que la guerrilla no la deje a oscuras, una urgente cobertura educativa, la terminación de la doble calzada, el aeropuerto, la carretera Mulaló-Loboguerrero, el tren que se robaron... Y así podríamos seguir con un interminable rosario.

Existe un grupo de empresarios, industriales, comerciantes, trabajadores del sector turístico y líderes cívicos que luchan por ponerla en el sitio que se merece.

Pero —repito— el problemonón que se avecina es caótico y terminal: se trata de la profundidad de las aguas a la entrada del puerto, que hoy solo llega a escasos 12,5 metros y que si antes no permitía el arribo de barcos de mediano calado, ahora sí que menos.

Sucede que la ampliación del canal de Panamá exige la operación de barcos de mayor calado —llamados pospanamax—, los cuales no pueden entrar a Buenaventura pues requieren una profundidad de 15,5 metros, o sea, y mal contados, 3,5 metros más; dragado que costaría una fortuna .

Y no es cuento ni ganas de crear falsas alarmas: 400.000 contenedores se van desde agosto para Posorja, en Guayaquil, que ofrece no solo la profundidad indispensable, sino otros servicios portuarios en los que Buenaventura está en pañales.

Hay que hacer algo de manera inaplazable porque si no, el bello puerto será el bello “tuerto” del mar.

Le puede interesar: "Vía al Llano: crónica del abandono a una región"

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2019-07-05T02:30:00-05:00

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2019-07-05T12:29:10-05:00

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