Conversatorio de Colombia 2020

hace 5 horas
Por: Nicolás Uribe Rueda

Buenismo

Desde que empezaron a publicarse borradores sobre los acuerdos de La Habana, he venido comentando algunos temas que considero pueden significar una amenaza real para el desarrollo de Colombia. He expresado, por ejemplo, el riesgo de la desinstitucionalización por la vía de la creación de espacios participativos comunitarios paraestatales, y comentado asuntos concretos que postran el desarrollo agropecuario. Sin embargo, ha sido difícil plantear discusiones de altura, cuando de entrada se supone que detrás de las palabras existe una agenda política que se escuda en cualquier cosa para oponerse por principio a una negociación de paz con las Farc. Ahí la discusión muere y generalmente arrancan las descalificaciones.

Sin embargo, hay un elemento que no deja de sorprenderme y es el buenismo que existe entre algunos a la hora de interpretar el comportamiento de las Farc, una vez entradas en democracia. Para los buenistas, ese grupo de personas para las cuales pensar mal resulta políticamente incorrecto, los miembros de las Farc, una vez dejaron las armas, también de facto se desprendieron de la cultura de la ilegalidad en la que vivían y adoptaron los códigos éticos, morales y legales propios de los ciudadanos de bien, personas que participan en democracia, buscan vivir en paz, respetan las señales de tránsito, pagan sus impuestos, no compran contrabando y trabajan honradamente para sacar a sus familias adelante.

Para los buenistas es deshonesto, por ejemplo, pensar que las Farc serán una máquina de compra de votos con la plata del narcotráfico que no han entregado; es impensable que luego se apropien de los recursos públicos y es impresentable exponer la idea de que buscarán por cualquier medio, incluso la presión armada de sus disidencias, acceder al poder político con el propósito de introducir reformas antidemocráticas, tal como sucede en Venezuela en nombre del beneficio de los ciudadanos. Los buenistas creen que, porque ellos no votarán por las Farc, está conjurada esta amenaza y por eso repiten como loros que las Farc fracasarán a la hora de hacer política porque nadie cree en sus ideas.

Lo propio pasa con la JEP y la Comisión de la Verdad. Los buenistas son incapaces de pensar que las Farc negociaron un sistema de justicia para avanzar institucionalmente en su propósito de presentar sus crímenes como causa de la indolencia del Estado y la conveniencia de la sociedad, y que esto tiene su cuota de responsabilidad penal por la que muchos deben responder; y que la historia de Colombia no puede escribirse sin relatar que la sociedad toda está podrida y que las Farc apenas son una expresión marginal de la descomposición generalizada. Los buenistas no creen, por tanto, ni en la persecución a través de la justicia ni en un relato acomodado de la historia donde todos somos culpables.

Aunque los buenistas generalmente están cargados de buenas intenciones, son tiernamente dóciles al momento de defender las instituciones y avizorar sus amenazas. Esto sin duda no es ignorado por quienes las combaten y pretenden retorcerlas a su conveniencia, y que, conociendo esta debilidad, se aprovechan de ella todo lo que pueden.

@NicolasUribe

 

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