Por: Humberto de la Calle

Burocracia

Más allá del impacto en la maltrecha faltriquera estatal, el problema de la creación del Ministerio de LA Familia es, precisamente, ese pronombre. Porque en contra de la evolución del concepto de familia, que venía gestándose en los hechos y luego fue avalado por la Constitución, ese apelativo supone que hay una familia y solo una familia. Desde su nacimiento, esa denominación muestra que el papel de esa agencia oficial será luchar contra los hechos. Una enorme torpeza. La realidad muestra familias monoparentales, familias de hecho por fuera del derecho, uniones de parejas del mismo sexo incluso con hijos, en fin. Una profusa cadena de situaciones de hecho. Lo que hicimos en el 91 fue abrirles la puerta de la ley a esas nuevas decisiones de muchos colombianos. Un Ministerio de LA Familia tratará de recorrer el camino inverso. Acallar los hechos con normas, tarea miope e infructuosa.

Pero lo que pretendo con esta columna es proponer, en cambio, dos nuevos funcionarios de alto rango. No necesitarán mucha burocracia.

El primero corresponde a una idea que le he robado a Ricardo Silva. Será el psiquiatra general de la Nación. Es una iniciativa urgente. La ferocidad reinante entre nosotros, desde la violencia física hasta la verbal, exige terapias masivas. En mi fallida campaña presidencial propuse mezclar valeriana en los acueductos municipales. No tuve éxito. Este psiquiatra general deberá vigilar ya no la conducta formal de los servidores públicos, sino sus actuaciones psicóticas. No es chiste. A los escépticos les recomiendo la lectura del libro de Kevin Dutton (La sabiduría de los psicópatas). Los poderosos carecen de empatía, que es una de las señas de la psicopatía. Pero aun: si leen a Nassir Ghaemi (A first rate madness), al desvelar los nexos entre el liderazgo y la enfermedad mental, queda claro que mientras más encumbrado el líder, más perturbado puede estar.

Pero no se equivoque el lector: el que este síndrome haya sido estudiado no significa que podamos refugiarnos en el mal de muchos, consuelo de… por el contrario, hay casos en esta tierra que reventarían todos los estándares. De tal tamaño es su locura, su furia, su deseo de venganza, su incapacidad para ver “el otro”, su vesanía, que deberán ser los primeros a someterse al psiquiatra general. Es más: todo el que desee ejercer cargos importantes desde el servicio público debería primero pasar la prueba de este nuevo funcionario.

El otro cargo es el preceptor general de Urbanidad. Como vimos en columna anterior, eso del falsamente llamado Acuerdo Nacional no pega por estos lares. Lo que necesitamos es aprender a manejar el disenso. Un pequeño gran paso para Colombia podría ser restablecer la urbanidad perdida en los menesteres políticos. ¡Qué insultadera tan macha!

Me parece que el personaje ideal para desempeñar ese delicado encargo es el senador Carlos Felipe Mejía. Los caldenses vivimos orgullosos de él. Conjuga, a la vez, la reconocida capacidad oratoria de sus coterráneos, como Fernando Londoño, Silvio Villegas, Aquilino Villegas, con la dulzura de las gentes de esa tierra.

Ese es el hombre. No dudo que tendrá éxito. Porque, eso sí, el que no se corrija, este enhiesto senador será capaz de madrearlo hasta sacarlo del país.

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2019-06-09T01:30:54-05:00

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