Notas al vuelo

Buscar el equilibrio

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El sector aeronáutico nacional, que sufre desde hace tres meses un fuerte enfriamiento de sus operaciones, comienza a preparar motores, ante la decisión del Gobierno de reactivar los vuelos domésticos, luego de que las autoridades sanitarias presentaran los protocolos de bioseguridad que regirán para la prestación del servicio, con medidas aplicables para aeropuertos, aerolíneas y pasajeros. La industria, golpeada por los cierres de fronteras y las políticas de confinamiento, pide a gritos su oxigenación a fin de revertir la larga y calamitosa parálisis, pero el reinicio deberá tener el foco, como prioridad principal, dirigido hacia la salud de los usuarios.

Los protocolos implementados recogen propuestas y experiencias de otros gobiernos y de los organismos internacionales de la salud y de la aviación. Podrían ser, al decir de los ministros del ramo, más estrictos que los adoptados en otros países, pues se considera supervisar toda la ruta del pasajero, desde el momento en que se desplaza hacia el terminal, hasta el abordaje del vuelo y el arribo a su destino o conexión.

En esta materia se ha trabajado estrechamente para construir una hoja de ruta que permita anular los riesgos de transmisión del COVID-19, dentro de la cual las medidas de protección biológica, el distanciamiento social y el comportamiento responsable de los usuarios serán determinantes. Ya las compañías de aviación anuncian encontrarse preparadas para emprender el vuelo, y administradores y concesionarios de una decena de terminales, grandes y pequeños, dicen tener listo el blindaje contra el contagio.

Avianca, Easyfly y Latam piensan en el regreso, con la aplicación de medidas adicionales, como la eliminación del equipaje de mano, la alimentación y el entretenimiento a bordo, y solo están a la espera de que se dé el anuncio de largada. El presidente de Easyfly, Alfonso Dávila, ha dicho que la compañía cuenta con los más estrictos estándares de bioseguridad para seguir haciendo del transporte aéreo el modo más seguro para viajar.

Las restricciones de viaje han detenido la aviación en el país por más de 100 días. Aunque el coronavirus sigue latente, la paralización resulta insostenible y profundiza el estado crítico de la industria, con repercusiones sensibles para las arcas nacionales, si se tiene en cuenta que, desde que los aviones quedaron parados en tierra, ha dejado de aportar US$560 millones al PIB, cifra que se multiplica a US$4.000 millones de considerarse los efectos negativos generados en los demás eslabones de la cadena productiva.

El sector aeronáutico sufre las rigurosidades de una devastadora sequía financiera, pero las alarmas no solo se concentran en las empresas, que no aguantan sumarles más dólares a sus balances de pérdidas, sino en la economía en general. Los efectos sociales en otras variables, como la generación de empleo, en un país que cerró el mes de mayo con 4,8 millones de desempleados, son considerables. El impacto en el sector es revelador. Cerca de 36.200 plazas laborales directas y 282.800 indirectas e inducidas han sido afectadas por la crisis.

El Gobierno Nacional les ha ofrecido estímulos tributarios a las aerolíneas, pero ha faltado mayor esfuerzo fiscal para asegurarles liquidez. Sin excepción, todas bailan en la cuerda floja y, en la medida en que el tiempo transcurre, la parálisis va pasando factura; no solo se empieza a agotar la caja sino que tiñe de rojo la contabilidad. Bajo el asedio del tiempo, la crisis aumenta a diario, con el riesgo de que después del cuarto o quinto mes de inactividad, la pérdida de oxigeno desencadene en una hipoxia empresarial.

Mantenerse a flote, entonces, dependerá de la eliminación de las restricciones de los viajes para emprender una recuperación que será lenta y tardará algo más que un par de años, cuando sería posible retomar los niveles de operaciones y de pasajeros registrados antes de la aparición de la pandemia.

La reapertura de los vuelos también les permitirá a varias ciudades impulsar sus procesos de reactivación económica, tras la recesión dejada por el impacto abrupto y dañino de la pandemia. Alcaldes de ciudades como las del Eje Cafetero, Rionegro, Montería, Cúcuta y Lebrija han dado el visto bueno para iniciar los vuelos piloto y esperan que el Gobierno Nacional autorice el inicio formal de las operaciones, de acuerdo con el ritmo de desaceleración que tenga la pandemia en sus regiones.

Otras ciudades, como Barranquilla y Bogotá, que se enfrentan a una fase rápida del contagio, no estarán seguramente en posibilidades de reabrir sus aeropuertos en las próximas semanas, pues su momento no es el apropiado para darle respiro a la cuarentena. La preocupación del alcalde de Medellín, ante la eventual entrada en servicio del José María Córdova, y la posición expresa de la alcaldesa Claudia López, en el sentido de no permitir, por ahora, la reapertura de la terminal aérea, son comportamientos responsables, encaminados, obviamente, a promover un reinicio confiable y eficiente de las operaciones.

Sin embargo, reabrir los vuelos domésticos lo antes posible en algunas zonas del país, sin bajar la guardia, es inevitable y el proceso tendrá que aplicarse de manera cuidadosa e inteligente. La OMS asegura que el virus llegó para quedarse, y mientras no exista una vacuna ni un tratamiento apropiado para enfrentarlo, habrá que evitar que la crisis sanitaria desemboque en otra, y más profunda, crisis económica y social con repercusiones de catástrofe.

Ante la compleja disyuntiva de privilegiar la salud o redimir la economía, no cabe más alternativa que buscar un equilibrio efectivo y trabajar en la atención simultánea de los dos frentes, bajo la premisa de una responsabilidad compartida entre Gobierno y sociedad. La recuperación de la salud pública y la eliminación de las restricciones aéreas son dos desafíos para acometer, en un país donde la aviación es un eje capital, la economía se arruina y la capacidad financiera de las empresas de aviación no aguanta más alargue en su parálisis.

Posdata. La reanudación de las actividades aéreas en el país constará de cuatro fases: activación moderada, activación intermedia, operación internacional y aviación normalizada. Se iniciará gradualmente con los aeropuertos de mayor capacidad, a los que con el tiempo se irán sumando los restantes de acuerdo con su propio ritmo en la disminución del contagio.

gsilvarivas@gmail.com

@Gsilvar5

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