Por: Felipe Jánica

A buscar soluciones… no culpables

Si bien la economía colombiana presenta muchos desafíos, lo que no se puede perder es las ganas de salir a delante y de transformar los momentos difíciles en esperanza y prosperidad.

Sin duda el fenómeno del niño, que parece interminable, no sólo está afectando al medio ambiente, también a la economía. Pareciera inminente el racionamiento de energía por culpa de este fenómeno, también que con ello volvamos a pensar a levantarnos una hora más temprano, si por cuenta del ahorro de energía adelantemos una hora en nuestros relojes, como ocurrió en otrora. Aunado a esto, las sequías están pasándonos la factura en la canasta familiar. Por un lado, escases de productos básicos y por otro, el colateral que esto genera para la inflación. La solución en este aspecto es quizá la innovación en la producción agrícola y pecuaria en la que se maximice el consumo del preciado líquido por un lado. En materia energética la diversificación en las fuentes de generación.

Aunado al fenómeno del niño, el dólar correlacionado nefastamente con el petróleo, conllevan a que en nuestras oraciones dominicales pidamos porque el precio internacional del commodity negro rebote a niveles de US$60. Con un dólar caro y con una balanza comercial negativa – como la que tenemos en la actualidad – el gran perjudicado es el ciudadano de a pie que ve cómo se encarece su costo de vida producto de una inflación alta impulsada por esta correlación. La solución en este aspecto es una reforma estructural y no tributaria en la que se incentive la industrialización y que con ello el país sea más competitivo, tanto en la arena local como en la internacional.

Tanto el fenómeno del niño como la dependencia del petróleo y de las necesidades de financiación en el corto plazo, fue precisamente lo que hizo virar la perspectiva de S&P de positiva a negativa. En este aspecto es donde hay que ser muy cuidadosos, pues con toda esta turbulencia lo que menos puede pasar es que nuestra calificación de riesgo país baje a niveles diferentes de grado de inversión. Para ello, una de las soluciones inminentes del país es que se agilice las inversiones en infraestructura y se diversifiquen las inversiones no sólo en transporte terrestre sino uno multimodal (férreo, fluvial, terrestre y aéreo). Con ello se podrá disminuir los costos de fletes, los que claramente no son competitivos y de paso se le inyecta dinamismo a la economía.

El ser realistas es algo que debemos tener presente en nuestra vida y más cuando las soluciones no son de corto plazo. Sin embargo, no he estado de acuerdo con esa palabra, no sé si por rebeldía o por no encontrar lo positivo de cada traspié, problema o situación adversa. Sin duda lo que estamos viviendo hoy en día en el mundo y más específicamente en Colombia es la cosecha de lo que sembramos. Por lo general cuando hay momentos desafiantes como los actuales, lo que sale a relucir es: de quién es la culpa. En lugar de ello y para ahorrar energía, lo que deberíamos hacer todos es buscar la solución y/o aprender (lo bueno y lo malo) de cada situación.

En el papel suena fácil – lo reconozco – pero como lo que nos gusta es recordar el pasado, debemos tener presente que no hace mucho nuestro principal socio comercial era Venezuela. Como para nadie es un secreto lo que ha pasado en el vecino país en materia económica, entonces ¿qué pasó con los exportadores colombianos que dependían de los compradores venezolanos? Muchos se quebraron, pero hubo otros que encontraron nuevos clientes en Centroamérica. Las reflexiones en este caso son muchas, a lo mejor la principal y de la que el común denominador recuerda es sólo lo malo; por ejemplo, del porqué los venezolanos no cambian la historia o porqué el Estado colombiano no ayuda a sus productores, sobre todo para evitar quiebras. Coincido en parte con la mayoría; no obstante, la otra forma de verlo es preguntándose ¿por qué los productores deben diversificar sus productos y también sus clientes? La diferencia es que con la segunda pregunta no se buscan culpables, por el contrario focaliza la respuesta a la búsqueda de soluciones. Cuanto mejor es la pregunta, mejor será la respuesta y mejor la solución.
 

 

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