Por: Cecilia Orozco Tascón

Bustos y Cía., el pasado en presente

Aunque la historia que relataré enseguida se ha contado parcialmente, la retomo por la importancia que adquiere después de los recientes hallazgos sobre corrupción en la corte Suprema, los cuales, definitivamente, dan una perspectiva diferente al asunto: corría agosto de 2012 cuando el presidente de la Sala Penal del alto tribunal, Leonidas Bustos, anunció la que calificó, con cinismo desbordante, como una “decisión administrativa”: la Comisión de la Parapolítica —subsección que investigaba nexos entre políticos y paramilitares— iba a “rotar” a su jefe coordinador, el magistrado auxiliar Iván Velásquez. Ante las dudas que tal explicación generó y la renuncia inmediata de Velásquez a su cargo, Bustos negó que los procesos contra los congresistas venales se fueran a marchitar. Reventado, en público, el escándalo de las coimas de la corte, cinco años después, sobra aclarar que, con esa movida, Bustos pretendía eliminar obstáculos humanos y documentales para poder hacer lo que le viniera en gana, lo que, para su caso, significaba paralizar los procesos por parapolítica y volverse multimillonario manipulando esas sentencias o frenándolas, de acuerdo con lo que se oye en las grabaciones de la DEA y en las confesiones de algunos detenidos.

Bustos nombró, en lugar de Velásquez, a alguien de su entera confianza: el magistrado auxiliar Álvaro Pastás. Al año siguiente, 2013, Bustos, con su dominio, logró que lo reeligieran presidente, primera vez que esto sucedía. Ese mismo año, el coordinador de Bustos “perdió”, durante varios meses, un documento de importancia capital para poder procesar a una decena de políticos y empresarios de renombre nacional que siguen figurando en las páginas sociales: una declaración juramentada de “Macaco” (paramilitar consentido de Carlos Castaño) que recibió Pastás de manos del auxiliar que obtuvo la diligencia de “Macaco”, Carlos Ibán Mejía. Por este insólito episodio, Pastás fue denunciado ante la Fiscalía y tuvo que retirarse de la corte. El fiscal encargado de investigar a Pastás ha sido mencionado estos días: Luis Acero (el que prestó su nombre para que Bustos adquiriera un BMW) quien también había sido magistrado auxiliar de la época, o sea, compañero de Pastás y de Mejía. Como era presumible, Acero archivó el caso y Pastás quedó libre de sospecha a tal punto que integra de nuevo la corte como auxiliar de otro antiguo compañero suyo, hoy titular de despacho, Luis Antonio Hernández.

El siguiente capítulo es interesante porque enlaza los hechos de ayer con los de ahora: justo hace un año, en agosto de 2016, Semana publicó un artículo que tituló “Álvaro Pastás, el magistrado víctima de la ‘parapolítica’”. Cuenta que “aunque decenas de políticos fueron condenados por sus investigaciones, terminó echado…”. Y concluye con que “la Fiscalía (léase, su compañero, el fiscal Acero) no le creyó al testigo que había en su contra”, en otro lío en que el coordinador de Bustos se vio involucrado. Se refiere la revista a un supuesto falso testigo que habría mentido cuando aseguró que Pastás se habría comprometido a limpiar el nombre de una empresa presuntamente vinculada con el bloque paramilitar Centauros y que se habría reunido con un grupito, hoy conocido de autos, en el aeropuerto Los Garzones, de Montería, para hablar del caso.

¿Quiénes asistieron? Según la revista, “… en ese encuentro estuvieron el congresista (Bernardo) Miguel Elías Vidal (“el Ñoño”), el hermano de Musa Besaile (¿el gobernador de Córdoba, Edwin Besaile?) y otro parlamentario, el exlegislador Otto Bulla (sic) (quien) dijo que… habían arreglado con Pastás…”. Añade Semana: “el testimonio no solo sugería que ese magistrado sino también los titulares de la Sala Penal habían convenido frenar las indagaciones…”. ¡La decisión de archivo del fiscal Acero a la investigación a su amigo Pastás, se basa en que Otto Bula, el Ñoño Elías y Besaile negaron las afirmaciones del “falso” testigo! El pasado visto en presente dice mucho más.

Entre paréntesis. Pese a la “barrida” de funcionarios que hubo hace poco en la Fiscalía, los exmagistrados auxiliares mencionados arriba, Carlos Ibán Mejía y Luis Acero, continúan siendo fiscales delegados de Néstor Humberto Martínez ante la misma sala de la corte en que trabajó, el primero; y ante el Tribunal Superior de Cundinamarca, el segundo. ¿Nadie los recomendó?

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