Por: Luis Carlos Vélez

Caballo de Troya

Primero hubo un silencio incómodo. Tal vez como si estuviera pensando: “No puedo creer que me hayan preguntado eso” o “¿qué diablos fue lo que preguntaron?”. Luego, un balbuceo de algo que sonó a: “Vamos a pensar qué hacer” y, de remate, otro silencio incómodo que se sintió como horas debajo del agua. Eso fue lo que ocurrió la semana pasada cuando en una extensa entrevista radial tuvimos la oportunidad de preguntarle a Timochenko detalles sobre la economía colombiana.

Su reacción a una pregunta en específico sobre crecimiento económico y las calificadoras de riesgo, y otras sobre acciones específicas en caso de que llegara a la Presidencia, dejó clara su desconexión con el mundo real, evidente atraso tecnológico y desconocimiento de la actualidad. Tantos años en la selva repitiendo el mismo discurso político desgastado sin alguien que lo retara a un debate profundo y sin posibilidad de conocer el mundo, han hecho de Rodrigo Londoño un hombre vetusto y narciso.

Ahora con el pelo pintado de oscuro y con menos canas en la barba, para ser, según su asesora, más atractivo políticamente, Timochenko es un canciller de la FARC. Habla pausado, sin hacer afirmaciones contundentes y con conciencia de no entrar en detalles comprometedores ni polémicas mayores. Al mejor estilo de un diplomático aburguesado, rollizo por la buena vida y de ropa apretada, a pesar de ser nueva, Londoño se muestra mesurado, tranquilo y hasta sentimental. Elementos que lo harán presa fácil en un debate presidencial.

Pero aunque su discurso sea vacío y sus posibilidades nulas por ahora de llegar a la Presidencia de manera directa en estas elecciones, no se debe descartar que ingrese al Palacio de Nariño por la puerta de atrás producto de algún tipo de coalición para establecer lo que él mismo ha llamado: “Un gobierno de transición”. Es decir, una administración amigable que le permita a la FARC ganar tiempo para ganar adeptos, legalizar dineros, afilar discurso y limpiar su nombre, para en la campaña de 2022 tener una verdadera plataforma competitiva políticamente.

Las preguntas, entonces, son: ¿Quién conformaría ese gobierno de transición? ¿Cuál de los candidatos a la Presidencia actuales representa esa posibilidad de fortalecimiento político de la FARC? La coalición de centro izquierda que lentamente va sumando a Sergio Fajardo, en aras de la transparencia, debe dejar claro ya públicamente cuáles son sus postulados socioeconómicos, qué papel cumpliría la FARC en su eventual administración y qué piensa sinceramente de Venezuela y su gobierno.

Es importante abordar ya los temas de fondo en nuestro país y dejar de lado las respuestas vacías que se esconden en “hacer una campaña diferente” y entrarle con todo a la carne de la hamburguesa. Se deben descartar las sospechas de algunos de que se esté formando un Caballo de Troya disfrazado del cambio bacano, incuestionable bajo la amenaza de que quien lo haga estigmatiza, protegido por el manto del discurso complejo e incomprendido, que en realidad esté ingresando posturas severas sobre inversión extranjera, propiedad privada, impuestos y seguridad jurídica.

Colombia debe mirarse en espejos como la Venezuela de Chávez, la Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo y la Argentina de Cristina, para no volver a cometer los mismos errores, lo que obliga a ir más allá de estar pendiente del lobo feroz de la FARC que nunca llegará por la puerta de enfrente, sino que podría ingresar por la puerta de adelante vestido de camisa y corbata.

Entre tanto, ¿a qué le estará apostando el expresidente Uribe? ¿Por qué sacrificó a Óscar Iván Zuluaga? ¿Su figura será el ganador de la consulta o le estará apostando a un juego a tres bandas con el exprocurador Ordóñez?

 

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