Por: Iván Mejía Álvarez

Cada día peor

Un error aislado, vaya y venga, dos errores a favor del mismo equipo, algo huele mal, pero al tercero y cuarto y quinto error siempre favoreciendo a los mismos, el tema pasa de castaño a oscuro y es entonces cuando se disparan todas las alarmas. Algo está pasando, algo no anda bien, algo no funciona y el tema pasa a ser crítico.

Los errores arbitrales este año han sido inmensos, gigantescos, increíbles. La forma como clasificaron a Santa Fe, en Ibagué, en el primer torneo con una desafortunada actuación de Hoyos; la manera en que eliminaron al Medellín con un nefasto arbitraje de Buitrago, invalidando una jugada legal de gol por parte de Bélmer Aguilar y dejando de dar dos penas máximas a favor del elenco rojo; la pena máxima que le concedieron al Tolima frente al Chicó; todas las descaradas ayudas arbitrales a favor de Nacional en estas finales, y así hay muchos, muchísimos ejemplos de la ineptitud arbitral, de la absoluta incapacidad del cuerpo de trencillas a los que se les confía la aplicación del reglamento en forma equitativa e imparcial y quienes han terminado siendo protagonistas al meterle la mano de manera vulgar y grosera al campeonato a favor de determinados equipos.

Sí, los árbitros son muy malos y es urgente que se adopten medidas extraordinarias para intentar arreglar esta asignatura pendiente del actual Comité Ejecutivo de la Federación. Bedoya y Jessurum han salido avantes en otros temas como “reinventar” administrativamente a la Federación, darle un músculo financiero, ponerles orden a las selecciones nacionales. Nadie les niega que lo han hecho bien en esos temas, pero tampoco se puede negar que en el tema arbitral, la Federación ha perdido el año, otro año, uno más, en su intento por ofrecer un campeonato profesional regido por normas de equidad y respetabilidad. Pérdidas, absolutas y totales.

La Federación no ha podido “destetarse” de la imagen de Álvaro González en los recientes años y hoy se sigue pagando tributo a la falta de trabajo, a la negligencia, al amiguismo, a la malsana “rosca”, a los caprichos, veleidades y comportamiento abusivo de quien ha sido el zar del arbitraje durante muchísimos años.

No hay renovación y la actual Comisión Arbitral, donde siguen algunos “amiguitos” de González, recomendando jueces de bolsillo, poniendo y quitando de acuerdo con los caprichos y preferencias de su jefe, es un desastre absoluto y total, de lo peorcito que se ha visto. Qué papel ridículo han hecho los Forero, Wolmar Pérez, el Defensor del Pueblo, quien terminó siendo el defensor de algunos jueces amigos suyos, y un tal Baltasar Medina, quien se dedicó a proteger a los equipos antioqueños y a los pitos paisas en una muestra de regionalismo odiosa y excluyente.

La actual Comisión Arbitral debe salir por incompetente y por mala, y elegir gente que no se deje hablar al oído por quien ha sido el “cáncer” del arbitraje durante años.

Pero, es imprescindible que se invierta en el arbitraje, que se le gaste dinero a los cursos en capacitación, que se traigan instructores de verdad, no tipejos como los Avendaños, Mecatos y Bedoyas que nada pueden enseñar. Finalmente, Fernando Rodríguez Mondragón, el hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela, en entrevista concedida a Nuevo Estadio, el 2 de octubre, señaló a Álvaro González como el responsable máximo de todo lo malo que pasa en el arbitraje.

“Él, como jefe máximo, y creo que todavía lo sigue siendo, era el jefe escondido, el jefe de jefes”. Rodríguez Mondragón dice que González Alzate sigue siendo el jefe de jefes. ¿Qué pensarán Jessurum y Bedoya?

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