Por: Catalina Uribe

Caer en las manos de Avianca

Después de finalizado el paro de Avianca que ocasionó la cancelación de alrededor de 14.000 vuelos y otros cientos de retrasos, los usuarios se han visto con un nuevo inconveniente: el precio de los tiquetes. Varios viajeros han denunciado el aumento excesivo de los pasajes a lo que Avianca ha respondido con evasivas. “Lo único que tenemos por las nubes son nuestros aviones listos para conectarte con tus sueños”, tuiteó Avianca ante la queja de un usuario.

Busqué vuelos para este año en distintos horarios y fechas y, por ejemplo, pasajes hacia Bogotá desde destinos como Bucaramanga, Manizales, o Valledupar cuestan alrededor de $1.500.000. La semana pasada El Universal denunció que un vuelo Bogotá-Cartagena, que usualmente cuesta $180.000 en tarifa económica ha llegado a costar $1.661.410. El lío está en que la gran mayoría de las veces los usuarios no pueden ser flexibles ni con sus horarios ni con la compañía de aviación que eligen, entre otras, porque no hay muchas más. Volar en Colombia implica normalmente tener que volar con Avianca y, por eso, el precio de los tiquetes de Avianca es el que Avianca decida.

Los economistas desde hace tiempo nos pintan líneas en diagonales para explicarnos la oferta y la demanda. Cuando las líneas eventualmente se cruzan tenemos el precio. Ese precio no es justo ni es injusto, nos dicen. Se trata simplemente de una tasa de intercambio. Cuando la competencia no es perfecta, ya no sólo vemos dos líneas diagonales sino triangulitos de colores y líneas punteadas, que nos señalan el pedazo de riqueza de más que se llevan los que pueden imponerle el precio al mercado. Ahí, anuncian los economistas, tenemos monopolios y oligopolios, algunos de ellos naturales.

Pero entre líneas y triángulos, sin embargo, se pierde el quid del asunto. ¿Cuál es el problema con que haya quienes puedan cobrar lo que quieran? El asunto en últimas no es de ineficiencia, ni tampoco de inequidad, sino de libertad. Somos libres cuando podemos vivir sin estar sometidos al capricho del otro. Por eso, perdemos algo de libertad cuando otros hacen lo que quieran con nosotros. Y, bien, pareciera que Avianca está haciendo lo que quiere con los colombianos. ¿Quiere Avianca trasladarnos el costo de las pérdidas del paro? ¿Quiere aprovecharse de su poder sobre el mercado? ¿O simplemente quiere ganarse el bono navideño?

 

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