Por: Iván Mejía Álvarez

Caja de cambios

Once Caldas y Medellín cedieron puntos en condición de locales durante la semana de Copa Santander. Algunos que miran la botella a medio llenar dirán que lograron una unidad. Otros, los que piensan que la botella esta medio vacía, pensarán que se dejaron ir dos puntos en partidos que eran capturables y que pudieron y debieron ser ganados por los equipos colombianos.

Más allá del resultado, en las presentaciones del campeón rojo y del elenco manizaleño quedó algo claro: el problema es de la caja de cambios. Mientras el Medellín lució “emprimerado” —excusen la palabrita—, el Caldas parecía por momentos que no tenía más que la quinta marcha para ajustar el partido. Y en el fútbol no es bueno ni lo uno ni lo otro, ni tanto como caminar el campo ni querer hacerlo todo a gran velocidad.

Manejar los ritmos es fundamental. Gracias a la discrecionalidad e inteligencia para seleccionar las velocidades de trabajo, un equipo puede conseguir factores fundamentales. Un onceno lento en la salida, pausado y dubitativo en el pase, como fue el Medellín ante Corinthians, difícilmente logre conseguir explosión, ángulos de ataque, sorpresa. Se volverá como el DIM del miércoles, previsible y fácilmente anulable. El Medellín intentó tener la pelota y hacerla circular, era una idea, para que el visitante corriera tras el esférico y se pudiera hacer un trabajo de desgaste físico. En el fútbol se cansa muchísimo más el que intenta recuperar la pelota que el que la tiene, principio básico de la posesión de bola. Pero al DIM se le fue la mano y caminó la cancha, no tuvo aceleración, careció de movilidad para que el toque se pudiera combinar con el factor posición de ataque. Lo uno, la simple posesión, sin lo otro, la posición, es tan sólo futbolito.

El Once tiene la caja de cambios alterada en sentido contrario. Osorio viene del fútbol inglés, tiene el modelo británico, e inculca velocidad de maniobra, aceleración sin pausa, lo que conlleva problemas diferentes. Un equipo que no sabe manejar las pausas es un equipo que pierde fácilmente la pelota, regala el control del ritmo y del trámite y se lleva grandes sorpresas cuando la aceleración conlleva desorden defensivo y eso le sucede al elenco manizaleño, cuyo regreso a posiciones defensivas es discutible.

Las transiciones, antiguamente denominados desdoblamientos, son de doble vía. Cambiar el chip de atacar a defender y cambiar la idea cuando se pasa de la fase defensiva al ataque, son vitales para que un equipo funcione como tal y genere confianza.

El Medellín no tuvo transición ofensiva por su lentitud, porque nunca pudo cambiar de marcha y se quedó “emprimerado” mientras que el Once Caldas quedó demasiadas veces volcado al ataque, regalándose en defensa, porque no sabe pasar de quinta a primera, rompe los piñones y destruye la caja.

Más allá del resultado, el funcionamiento de los dos fue flojito y los técnicos, estudiosos de lo táctico, tienen que entender que el fútbol requiere de transiciones o de una caja de velocidades automática.

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