Por: María Elvira Bonilla

Cali baila, y ¡de qué manera!

Contra viento y marea se realizó la Bienal Internacional de Danza de Cali.

La iniciativa y el presupuesto oficial dispuesto para el evento —nimio si se piensa en el Iberoamericano de Teatro, por ejemplo— suscitaron airadas reacciones de algunos sectores del mundo cultural. Pero lo cierto es que valió la pena y se puso una vara alta en calidad y en convocatoria. Sin duda, y en eso tuvieron razón en su persistencia la ministra de cultura, Mariana Garcés, y la ejecutora desde Proartes, Amparo Sinisterra de Carvajal, la ciudad para albergar la naciente iniciativa cultural no podía ser otra distinta a Cali.

Una ciudad donde el cuerpo en movimiento al ritmo de la música forma ya parte de la identidad. La gente en Cali baila y goza bailando y se comunica bailando y se rompen barreras bailando, se olvidan diferencias sociales y se curan heridas y rabias enconadas bailando. Todos en Cali bailan, ricos y pobres, blancos, negros y mestizos, caleños raizales y emigrantes de Nariño y del Cauca, del Pacífico todo. Un crisol de razas y de historias que se juntan y hacen de Cali esa ciudad tan encantadora como compleja, que encontró en el baile y en particular en la salsa, esa también mezcla de ritmos, una forma de expresión y reconocimiento.

Y de allí el nombre y el propósito de la bienal: “Otros mundos, otras danzas”. Para abrir el horizonte y mostrar otras maneras de relacionarse con el cuerpo, como se vio con algo tan fuera de serie como el refinamiento estético con que el grupo Tao Dance Theatre de la China se desplaza, anudando con la sutileza oriental cinco cuerpos en un rizoma humano, por el escenario del Teatro Jorge Isaacs o el grupo de danza moderna de José Limón, uno de los pioneros en esta disciplina. La Misa breve en tiempos de guerra, compuesta a finales de la Segunda Guerra Mundial por el húngaro Zoltan Kodaly y sobre la cual el coreógrafo méxico-americano José Limón construyó su obra Missa Brevis, que felizmente la compañía accedió a incluir en el repertorio que preparó para su presentación en Cali, es sencillamente magistral.

Aunque la lista de grandes obras que se presentaron merece comentario aparte, no se puede dejar pasar por alto el ballet contemporáneo del Teatro San Martín de Buenos Aires, con su Flamma Flamma, una combinación de música contemporánea, ecléctica, compuesta sobre la diversidad de la clásica, el rock, la popular y hasta la electrónica, con unos imponentes coros que retraen el eco de la Carmina Burana de Orff, así como el magnífico Tangokinesis, también argentino, cuyo nombre lo dice todo: Tangos-boleros-Piazzolla.

Este talento natural caleño para el baile, cuyas raíces están ancladas en los barrios populares, donde nacieron de manera espontánea las escuelas de salsa que emergen con toda su fuerza cada diciembre en el salsódromo que da inicio a la feria, pudo enriquecerse con estos espectáculos internacionales de primer nivel que tuvieron lleno completo, pero también con presentaciones gratuitas y talleres con coreógrafos y bailarines que compartieron experiencia y conocimiento. La Bienal de Danza se convertirá sin duda en una referencia obligada para Colombia y la confirmación de que en Cali se baila, y ¡de qué manera!

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia