Por: Iván Mejía Álvarez

Cali produce y vende

Un auténtico paseo le dio el juvenil Cali al Nacional en el estadio de Palmaseca. Fue una magnífica demostración del elenco vallecaucano y dejó varias lecciones que vale la pena analizar.

Así son los equipos construidos con el molde de jugadores jóvenes. Cuando se inspiran y se encuentran esos talentos, como lo hizo el Cali el sábado pasado, puede salir una demostración redondita de fútbol audaz, alegre, atrevido y vistoso. Esos jóvenes, como Castillo, Jonathan Álvarez, Escobar y otros que van mostrando jornada tras jornada el cuadro que dirige Jorge Cruz, le permiten al hincha caleño pensar que se están haciendo bien las cosas en las inferiores, que hay un modelo a seguir y que la cantera está produciendo buenos jugadores.

Lamentablemente, el mismo hincha ve llegar esos jugadores a la primera división y en menos de lo que canta el gallo los ve salir de la institución para paliar los malos manejos administrativos, el despilfarro y el desgreño de las últimas juntas directivas. Luis Fernando Muriel y Michael Ortega, dos magníficos prospectos que llegaron en el último año a primera y deslumbraron, ya se encuentran vendidos para recaudar fondos que permitan tapar las contrataciones de los Batallas, Frangipanes y otros ‘troncazos’ que les cerraron el camino a los chicos de abajo y costaron mucho dinero dejando muy pocos réditos.

El hincha ya lo sabe, ese Castillo, jugador de grandes condiciones que recuerda a Willington cuando debutó en Millos, está listo para la venta. Aparecer y afuera, lema de un Cali que arrastra un gran déficit y trata de equilibrar las cargas vendiendo lo que produce la cantera.

Mientras el Cali ofrece futuro, Nacional vende pocas expectativas. Desde la misma pinta de su técnico, parecía un aguatero o un quinesiólogo, hasta los gruesos errores defensivos, a ese equipo se le notó demasiado la falta de trabajo en sus mecanismos de automatización. Y de talento pocón, pocón. Ido Moreno, el elenco verde de Medellín luce tieso, sin alma, sin identidad y sin argumentos tácticos. No hay inventiva y tampoco se ve trabajo.

Lo mismo le pasa al América, que corre por la cornisa del descenso y debe darle gracias al de arriba que existe el Tuluá. Ingenua directiva que todavía cree que Gabriel Fernández puede ser refuerzo de un equipo con esa actitud displicente y sobradora. Un tirito al arco, un taquito y la misma arrogancia que lució en Millos, Cartagena y Júnior. Bermúdez ya lo ha cambiado dos veces y el pronóstico es claro: no llega a final de año.

Cali luce y gusta aunque sea irregular, como todo equipo construido con jóvenes, mientras que otros dejan un terrible manto de dudas sobre lo que tienen, como Nacional y América.

 

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