Por: Eduardo Sarmiento

Calidad educativa y equidad

En días pasados aparecieron cifras sobre los desempeños de los estudiantes colombianos en el estudio Pisa. Colombia aparece en los últimos tres puestos entre 57 países y con un puntaje muy inferior al del primero, Finlandia. Hace un tiempo, en una prueba internacional del mismo tipo, Colombia había ocupado el puesto 44 entre 45. Estas cifras constituyen un severo cuestionamiento al modelo educativo colombiano, que en los últimos quince años triplicó el gasto público.

La información global muestra que los países más desarrollados y con mejor distribución de dinero tienen los resultados más altos. Los países de Europa meridional reciben las mejores calificaciones. Estados Unidos, que exhibe los mayores gastos en educación, no aparece en el 10% más alto. Por su parte, los países de América Latina, entre ellos Argentina, ocupan los últimos lugares y en muchos casos los puntajes son inferiores a los de naciones con menores niveles económicos y culturales. Al parecer, el lento avance de la región en materia de distribución del ingreso y las tendencias a la concentración han constituido un serio freno al avance educativo. Estamos ante un alarmante círculo vicioso. La distribución desigual del ingreso y de oportunidades reduce la calidad educativa y ésta perpetúa las desigualdades.

El resultado de Colombia se aclara cuando se examina con mayor detalle. Algunos niños se encuentran en las escalas altas. El drama está en que este grupo es muy pequeño y la mayoría del resto se ubica en la escala más baja. Mientras en Europa la relación de los niños que están en las dos escalas más altas y la última es de uno a uno, en Colombia es de 300 a uno. Algo similar se observa en los exámenes del ICFES y ECAES. La calidad educativa está peor distribuida que el ingreso y no muy diferente al capital, y es la principal causa de la baja calidad del promedio.

Esta es la gran falla del sistema educativo. Desde la Colonia ha predominado la creencia de que la educación de calidad debe concentrarse en un sector privilegiado, y se ha consentido y perpetuado una estructura que le da formación de primera a una pequeña élite y de tercera a la mayoría. En la actualidad, la presencia de los estudiantes de estratos 5 y 6 es prácticamente inexistente en las escuelas públicas. Estos estudiantes prefieren perder el subsidio y concentrarse en escuelas privadas en donde pagan matrículas que exceden con creces los costos per cápita de la educación pública. Lo mismo ocurre con los directivos de los colegios, que prefieren los estudiantes de estratos altos que pagan mayores matrículas y pueden formarse con menores esfuerzos. Paradójicamente, los estímulos de mercado han propiciado una educación segregada, en donde el desempeño individual se ve debilitado por el bajo desempeño promedio del conjunto.

En cierta forma, se confirma la teoría de que los principales determinantes del desempeño escolar son la tradición cultural y el medio ambiente. La educación está expuesta a grandes externalidades, es decir, es contagiosa en el sentido de que el mayor conocimiento y formación de los estudiantes se extiende a sus compañeros. Cuanto mayor el desempeño del grupo social, tanto mayor el desempeño individual. Así, cuando se juntan estudiantes de diferentes estratos, en un principio se observan grandes diferencias, pero éstas se reducen a medida en que uno y otros interactúan. Por eso, la educación integrada permite trasladarles a los estudiantes de bajos estratos las ventajas tradicionales y culturales de los estratos altos.

La información del estudio de Pisa constituye un severo golpe a la educación segregada. Los desempeños individuales son tanto mayores cuanto mejor el desempeño del conglomerado social, y los de éste son tanto más altos cuanto menores las desigualdades de sus integrantes. En la medida en que el acceso a la educación es más amplio y democrático, su rentabilidad económica y social aumenta.

Está visto que el desempeño escolar no es un problema de matrículas y salarios. Por el contrario, las altas tarifas de los colegios privados son un factor de discriminación y aislamiento que reduce la eficiencia. La solución de fondo a la calidad educativa se encuentra en un sistema integrado, en el cual los estudiantes de diferentes estratos asisten a las mismas escuelas. En términos generales, se plantea fortalecer la educación pública, crear las condiciones de localización y transporte para que los estudiantes de distintos estratos puedan concurrir a las mismas aulas, y supeditar las exenciones tributarias y los ajustes de matrículas de los colegios privados al otorgamiento de becas que aseguren una presencia mínima de los estratos 1 y 2.

 

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