Por: Luis Carlos Vélez

Calificación en riesgo

El país está con los pelos de punta por la calificación de riesgo. Ante la baja de nota por parte de Standard and Poors la semana pasada, los ojos ahora están puestos en las otras dos calificadoras, Fitch y Moody's, y su percepción sobre nuestro país. El asunto no es un tema menor. Me explico.

Las calificadoras de riesgo son como un Datacrédito internacional. Observan nuestra capacidad de pago como nación y determinan qué tan buenos somos para recibir y pagar nuestras deudas a nivel internacional. Una baja calificación de estas agencias significa que quién nos vaya a prestar dinero va a asumir mayor riesgo de recuperarlo.

La calificación, y tal vez más importante, también sirve como parámetro de inversión. Los inversionistas internacionales deciden cómo distribuir sus recursos basados en las características de sus destinos. Por lo tanto, no hay manera de decir que una baja en la calificación de inversión es una buena noticia. Una reducción en nuestra percepción internacional financiera es bajar la posibilidad de recibir prestamos e inversión extranjera.

Sin embargo, es importante poner todo esto en perspectiva. Esta es la primera vez en más de 10 años en que S&P nos baja la calificación de riesgo. Desde abril del 2007, esta entidad ha venido ubicándonos en escalafones superiores. Para marzo del 2011 nos otorgaron el tan esperado grado de inversión que aún no hemos perdido. Antes de eso, es decir, desde agosto del 2000 hasta abril del 2007 Colombia registraba un paupérrimo BB, coherente con la percepción internacional que teníamos de Estado fallido. En plata blanca. El gobierno Pastrana perdió el grado de inversión en 1998 y lo dejó en BB en el 2002, mientras que la administración Uribe logró a duras penas incrementarlo en un escalafón. Los que se rasgan las vestiduras hoy, olvidan que todo pasado fue muchísimo peor. No hay nada más fácil que acostumbrarse a la vida buena. Chistoso.

En este tema la culpa la tenemos todos. El mayor reclamo que nos hace la calificadora de riesgo es la dificultad que tendremos como nación de mantener nuestro nivel fiscal. El equilibrio entre lo que gastamos y generamos. A lo que hay que decir, que si en Colombia no se robaran todo lo que se roban, no tocara construir la misma carretera tres veces y no hubiera todo tipo de carteles y carruseles, seguramente el dinero sí alcanzaría y habría la correspondiente generación de empleo e industria. Digo que es culpa de todos porque hay que mirar las listas al Congreso que evidencian que aunque mucho nos quejamos, poco hacemos. Seguimos eligiendo a los mismos y dicho sea de paso, no votando, rompiendo récord tras récord de abstención electoral.

El círculo vicioso es el mismo de siempre: el pueblo no vota y el que vota se deja corromper para que gane el ladrón que le roba al Estado. Al Estado no le alcanza la plata y las agencias internacionales bajan la calificación. El Estado concluye que hay que subir más impuestos, los sube y la gente se empobrece y molesta. Sin embargo no hace nada y elige a los mismos. Y luego nos quejamos.

Para romper el circulo, tenemos que hacer la tarea: revisar la hoja de vida de los candidatos, no dejarse comprar el voto y salir a participar. Si no lo hacemos, no nos quejemos si nos bajan la calificación de riesgo y luego nos cobran más impuestos. La culpa de los ñoños y el cuerpo ajeno, la tenemos todos.

 

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