¿Calumnias de la oposición?

La Veedora distrital, quien fue nombrada por el alcalde Petro, al igual que muchos bogotanos tampoco pudo "tapar" sus ojos frente a lo que observa en la administración de Bogotá.

A decir verdad, en el balance que presentó la veeduría del primer año del gobierno, se hizo evidente el desastre en la gestión, aunque la veedora se refiriera a ella como “regular”. Si se mira con cuidado, el informe es diciente y en una escala sería, más bien, de regular para abajo, como hemos mostrado en repetidas ocasiones desde esta columna. Veamos por qué:

Empecemos por los “Logros” que encuentra: la veeduría valora el “modelo de ciudad” que el alcalde propone por tratarse de uno “que todos desearíamos (una ciudad que supera la segregación socio espacial, enfrenta el cambio climático y fortalece lo público)”. En segundo lugar reconoce que en materia de salud la secretaría “abrió la discusión pública sobre el tema”. También reconoce la reducción del número de Homicidios y en las tarifas en Transmilenio.

Sin embargo, el informe comienza aclarando que se debe diferenciar la gestión pública de la lucha contra la corrupción o hacer denuncias. Y es que el rol de alcalde es diferente al de candidato, trance del que no ha podido salir nuestro mandatario y el que, seguramente, no quiere abandonar. La razón es sencilla: mientras Bogotá necesita un gobernante, Petro usa la alcaldía como trampolín presidencial. Se ha extendido un comentario según el cual salvo por los bogotanos que lo padecen, muchos incautos en el resto del país están conformes con su rol de denunciante o adalid, el cual observan a distancia. Así lo ven. La cosa es que para hacer denuncias no se necesita ser alcalde, que es lo que requiere la ciudad. Para hacer un glosario de buenas intenciones, nos quedamos con Pambelé: “mejor rico que pobre”, dijo.

Otro tanto ocurre en cuanto al modelo de ciudad y “colocar sobre la mesa el tema de salud”. Muchas ONG y candidatos se han cansado de hacer diagnósticos mientras a los alcaldes corresponde ejecutar los programas con que accedieron al gobierno. La responsabilidad del alcalde es convertir en realidad sus discursos sin destruir lo construido ni abrir permanentes confrontaciones. La veeduría le sugiere concentrarse en “buscar consensos, coordinar y articular los actores”. Mejor dicho: administrar, cosa que no hace. ¿Así cómo va a mejorar lo público tal cual pregona?

En cuanto a la reducción en el número de homicidios, logro que se auto adjudica autónomamente la administración, la veeduría recuerda que desde el año 2000, cuando no estaba Petro, la cifra se redujo desde 86 a 40 por 100.000 habitantes y también cuenta el efecto positivo del plan de cuadrantes que instauró la policía. Sin embargo, olvida Petro, pero también la Veedora, que se trata de una tendencia nacional a donde no llegan los decretos del alcalde: desde 2002 hasta 2012 la tasa de homicidios anual re sedujo en el país de 70 a 31 por cada 100.000 habitantes.

Pregunta la veeduría si la administración Petro pretende conseguir la “humanización de Bogotá” a punta de subsidios y recuerda que solo los de Transmilenio tienen un costo de 100.000 millones al año. ¿Y la sostenibilidad fiscal de la ciudad? ¿De dónde saldrá la plata?

En temas de movilidad, el informe señala la contradicción entre los discursos ambientales que hace Petro y la manera como prorrogó en un 25% más la vida útil de los buses de Transmilenio, inicialmente estimada en un millón de kilómetros, medida que atenta contra el medio ambiente; la parálisis en la chatarrización de 12.000 buses que sobran y el hecho inexplicable según el cual mientras las vías de la ciudad están destruidas, 160.000 millones destinados para repararlas desde las localidades están quietos por falta de gestión.

La faltó decir a la veedora muchas cosas. Por ejemplo que el IDU apenas ejecutó en 2012 el 68% del presupuesto de inversión pero obtuvo “rendimientos” en operaciones financieras por $19, 817, 337,810.00, cifra interesante si se tratara de un banco. La “cacareada” Bogotá Humana apenas pudo ejecutar el 47% de su presupuesto. El desarrollo y conservación del espacio público solo el 27%. Cobran los impuestos pero se guardan la plata de los ciudadanos en una ciudad llena de huecos y necesidades. Son pruebas de ineptitud.

La valoración que ha otorgado la Veedora a la administración de Bogotá, al calificarla como regular, es en extremo generosa. Pero no ha sido la oposición, ni algún detractor “interesado”, quien le dijo a Petro esta vez cuatro verdades, sino un funcionario de su administración. Si nos atenemos a los resultados y si el alcalde tuviera un poquito de vergüenza, debería renunciar. Ello no va a ocurrir porque, como dijimos, su objetivo es constituirse en candidato presidencial y, para ello, la alcaldía es una excelente tribuna, no importa que, mientras tanto, la ciudad se desbarate.

@herejesyluis

Posdata: Al alcalde, quien hace mal uso de sus recursos y de la autoridad de que está investido, le queda tiempo para dar consejos: en lugar de proveer seguridad (la victimización creció un 33% en 2012, cosa que no promociona ni cuenta), recomienda retornar a los tiempos del monopolio de la telefonía fija y dejar en la casa el celular. ¿Qué tal? Por ese camino no demora en proponer que nos quedemos en casa porque “su” ciudad es insegura, que suspendamos el uso de Internet, porque existe piratería, en lugar de combatirla, etc. Pobre Bogotá.

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