Iván Duque es el nuevo presidente de Colombia: Marta Lucía Ramírez, su vicepresidenta

hace 4 horas
Por: Columnista invitado

A calzón quitao

Estoy completamente conforme con mi cuerpo de sábanas para adentro, cuando me encuentro con algún chico en la intimidad no me avergüenza en lo más mínimo el pequeño pliegue que se hace arriba del ombligo, pero sí me atemoriza pensar en tener que pasearme en bikini por una piscina.

Es algo muy extraño. Me tienen sin cuidado las pocas estrías y ni se me pasan por la cabeza mis indicios de celulitis cuando me encuentro en alguna pose comprometedora, pero no es sino que me ponga una falda corta en Cartagena para estar pendiente de que en la cruzada de pierna ese defecto no se haga evidente.

El bronceado pasa a un segundo plano, me esfuerzo por tener un color canela durante todo el año, pero si me agarra la calentura y estoy blanca, casi verde, me dejo llevar por el calor del momento. No soy de aquellas que apaga la luz, me gusta ver y todavía más que me vean, sentirme deseada.

Estoy segura de lo que tengo, no me engaño, no tengo falsas expectativas sobre mí, no juzgo y espero no ser juzgada, no soy una vagabunda, pero tampoco una santa, tengo fantasías, me masturbo, veo porno sola y acompañada. Les confieso, así somos las mujeres de verdad. No sólo fantaseamos con películas y amores imposibles, sino con amigos, vecinos, compañeros de oficina y por esto no nos tilden de zorras, tenemos las mismas necesidades masculinas, si bien no es evidente la erección, allá abajo se esconde una humedad acompañada de una contracción cuando se deja volar la imaginación.

Así somos las mujeres, nos embadurnamos con cremas prometedoras, pasamos horas metidas en fajas sin queja alguna, por vernos un poco más altas aguantamos toda una noche los tacones, tenemos la habilidad de meter barriga más de seis horas seguidas cuando tenemos una camisetica pegada.

O que levante la mano aquella que no se arregla un poquito más de lo normal cuando sabe que se va a encontrar con algún ex. No hay mejor sensación que la de saber que te mira con cara de “está mejor que cuando terminamos” y, por supuesto, si el cretino tiene una nueva novia, ésta nunca es perfecta, algo debe tener: es gorda, guisa, bruta o fea. Y no debemos sentirnos mal, es natural buscar el talón de Aquiles y, más importante aún, hay que creer en nosotras, tenerse confianza, uno siempre es mejor.

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