Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 1 hora
Por: Alvaro Forero Tascón

¿Cambia la campaña presidencial?

NO ES NOTICIA QUE UN PERRO MUERda a un hombre. Por eso si en las elecciones legislativas de ayer barrieron otra vez las maquinarias, la campaña presidencial no tendría que afectarse de manera importante.

Como sí es noticia que un hombre muerda un perro, tendría algún efecto sobre la campaña presidencial que Compromiso Ciudadano o el Partido Verde hubiesen recibido votaciones altas, o que Cambio Radical y el Partido Liberal hubieran aumentado su votación. Esos resultados podrían darles a los respectivos candidatos presidenciales un empujón mediático durante unas semanas.

Pero ninguna de las dos circunstancias cambiará la dinámica de la campaña, porque hoy en día las elecciones legislativas las deciden las maquinarias, y las elecciones presidenciales los electores de opinión. Prueba de ello son el triunfo de César Gaviria en la consulta liberal de 1990 contra el grueso de la maquinaria liberal, y el de Andrés Pastrana contra las aceitadas maquinarias de Horacio Serpa en 1998.

Las maquinarias no ponen presidente porque los congresistas no invierten las mismas sumas de dinero ni el mismo esfuerzo político que en su propia elección, y en un sistema político dominado por el dinero, eso tiene un efecto muy grande. Y porque a diferencia de la elección parlamentaria, en que la mayoría de ciudadanos no tienen preferencias y usan su voto para conseguir algún beneficio, en las elecciones presidenciales los votantes tienden a formarse una opinión propia.

Las tendencias del voto legislativo difícilmente anticipan el voto por presidente, especialmente en un ambiente político tan fragmentado como el actual, en que los votantes uribistas, por ejemplo, pueden haber escogido candidatos al Congreso de cualquiera de las cuatro colectividades uribistas, sin que eso los convierta en seguidores y mucho menos militantes de esos partidos. Y viceversa, los seguidores del PIN no tienen un candidato presidencial propio. Los votantes uribistas pueden haberse inclinado en las legislativas por el “partido del presidente”, la U, pero en las presidenciales no hay un candidato “del presidente”, porque aún el que se autodeclaró como tal puede ni siquiera estar en el tarjetón presidencial, y los votos dividirse entre Santos, Vargas, el candidato conservador, y hasta Fajardo y el candidato del Partido Verde.

Sólo dos resultados posibles de las elecciones legislativas podrían tener un efecto importante sobre la campaña presidencial: que el PIN haya obtenido una votación suficiente para convertirse en la manzana envenenada, el gran elector capaz de inclinar la balanza en caso de una segunda vuelta reñida. Porque quien obtenga la manzana podría asegurar con ello la Presidencia, pero también desatar un rechazo generalizado del voto de opinión que termine costándole el triunfo. Y el segundo, que Noemí Sanín haya ganado la consulta conservadora, quedando el uribismo dividido por la mitad, una cercana al Presidente, la U y el PIN, y otra distanciada de él, Cambio Radical y buena parte del Partido Conservador.

Las elecciones legislativas sólo afectarán verdaderamente la campaña presidencial si transforman el actual referendo sobre la seguridad democrática, en un enfrentamiento entre las maquinarias clientelistas y el voto de opinión.

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