Por: Alvaro Forero Tascón

Cambia la dinámica de la campaña

Finalmente se configuraron las condiciones que van a determinar la dinámica decisiva de la campaña a la Alcaldía de Bogotá, luego de que otras dos potenciales dinámicas no se concretaron.

La primera, que prosperara una candidatura populista que habría sido muy difícil de atajar. Un candidato como William Vinasco, con capacidad comprobada de conseguir votos, sumado al apoyo de Álvaro Uribe, el Partido de la U y el conservatismo, habría tenido altas posibilidades de ganar. Esa posibilidad se evitó gracias a que Enrique Peñalosa finalmente aceptó el apoyo de Uribe, buscando además que le ayudara a convencer al electorado de los estratos uno, dos y tres, que es fuertemente uribista y en el que Peñalosa tenía resistencias.

La segunda dinámica que tampoco se dio fue la unión de los tres candidatos jóvenes, que podría haber roto el paradigma experiencia versus inexperiencia que está favoreciendo a los candidatos de más trayectoria. La unión no sólo habría podido reunir un total de puntos en las encuestas cercano a veinte, sino que les habría dado ‘moméntum’, que es lo que genera percepción de triunfo y que, según estudios, sesga la atención de los medios de comunicación. Quizás lo que impidió la unión fue un razonamiento estilo Maturana, pues los tres candidatos deben pensar, no sin razón, que aún perdiendo ganan un poco, porque están elevando mucho su perfil político gracias a las campañas serias que adelantan.

La tercera posibilidad, que ya se configuró, puede denominarse el efecto peruano: la preocupación porque la sobreoferta de buenos candidatos fragmente al electorado mayoritario de centro, permitiendo el triunfo de un candidato minoritario de izquierda, en este caso Gustavo Petro. Ese paralelo ha sido advertido desde el triunfo de Ollanta Humala hace unos meses —Rudolf Hommes lo hizo en una columna—, pero en ese momento no aparecía como un hecho inminente porque Gustavo Petro no estaba punteando en las encuestas.

Ahora parece inevitable que la campaña tienda hacia la polarización, porque la posibilidad de que un candidato con el pasado y el pensamiento de Petro sea alcalde es polarizante de por sí, y porque empezará a operar el concepto del voto útil, de que los candidatos jóvenes tuvieron su oportunidad pero ninguno logró alcanzar a los punteros, y que Antanas Mockus no sobrepasó a Peñalosa en las encuestas.

Y cualquier esfuerzo que haga Peñalosa para marcar diferencias con Petro, que es la estrategia obvia para quien fue un buen alcalde frente al que no tiene experiencia administrativa y cuando se enfrentan ideologías políticas muy distintas, será interpretado como resultado de la “llegada” de J.J. Rendón a la campaña de Peñalosa, a raíz de que se han reunido para oír consejos del estratega del Partido de la U.

Pero hay un factor adicional: el verdadero obstáculo de Peñalosa para ser alcalde no es Petro, sino los otros cuatro candidatos que están parcelando el centro político mayoritario, que podrían terminar atacando a Peñalosa para evitar que se quede con sus seguidores y terminen, por lo tanto, aportando a la polarización. A pesar del mal nombre que tiene la polarización, en las campañas políticas tiene una función: permite que ganen las mayorías, en lugar de las minorías mayores.

 

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